Estaba dormida en posición fetal, cuando de pronto desde la nada sintió como el alma se desprendía de su cuerpo, iniciando desde la cabeza hasta los pies, pero a diferencia de lo que hubiera podido imaginar, pesaba y se hundía, no flotaba. De manera que su cuerpo quedó arriba del suyo y su alma empezó una vertiginosa caída hacia la respuesta de la pregunta que había formulado esa tarde, “¿a dónde van las almas al salir del cuerpo?”

Dejó de observar su cuerpo allá en esa superficie de apariencia estelar y giró su mirada hacia abajo, donde la esperaba un vacío de mezclas de azules y nubes grisáceas en un encantador azul boreal. A lo lejos parpadeaban unas cuantas minúsculas estrellas y no había más luz que la tenue emanada por su cuerpo. Sintió la fuerza de la caída contra su rostro, sus brazos, sus piernas. Vio volar su cabello y su bata bailar al compas del viento. No había temor. Una vez que uno decide hundirse en lugar de flotar, la posibilidad de fragmentarse contra algo sólido no tiene mayor importancia y se vuelve solamente la reacción de la acción, así que caía plácidamente.

Extendió los brazos a sus costados y en una entrega de su vulnerable humanidad, dirigió una sonrisa y un “tómame” al vacío. De pronto, vio nubes más palpables, más blancas, más nítidas. En su caída cruzó entre sus algodonosos cuerpos que le acariciaron breve y tiernamente. Allá abajo se extendía una llanura de pastos verdes y flores. Por lo menos su cuerpo se precipitaría sobre algo hermoso, se incrustaría a la tierra de la cual proviene.

El mito de que la vida pasa frente a tus ojos al morir sólo era eso, un mito, el espectáculo era tan conmovedor que no había espacio para preguntarse si habrían quedado pendientes por hacer o amores que entregar. El llano cada vez más cerca, era cada vez más bello y colorido. Viendo que el tiempo restante se iría tan rápido cual caída en el abismo, cerró los ojos para sentir por última vez ese vuelo vertical que colmaba de vida sus sentidos y al abrirlos se vio a sí misma en posición fetal… y calló. Solo había sido un sueño.

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