Simplije


Originalmente, como cierre de año, tenía las catárticas negras intenciones de narrar mi peor ataque de ansiedad a la fecha —bueno, a la fecha que escribo esto, ya que tal vez para cuando me leas ese estándar ya se superó—. 

Sin embargo, dicha experiencia se me escurrió de los dedos en otro texto desarrollado para Engrudoteca.com, el cual, un tanto diluido y ficcionalizado, terminó por migrar de mi contracturado cuerpo para no volver jamás [suena la canción “Pata de Perro” de La Maldita Vecindad].

Tecla a tecla, entre la obligación consensuada de presentar un texto sacado de la olla de cocido a fuego lento aún medio crudo —término medio dicen los que saben de cortes—; y la necesidad de exprimir el acné emocional del mencionado ataque, pues me quedé sin una reflexión ríspida e incómoda digna de cierre para este 2025, año cliché, de esos que etiquetamos como “Montaña Rusa” pero que parece más pelea de valetodo tailandés en la que claramente pierdes por nocaut.

Ahí, en la búsqueda de palabras que ocupen este espacio virtual, en esta encrucijada creativa carente de reflexiones, recordé una frase de Nuno Betancourt —guitarrista de Extreme— la cual puedo reducir a una fórmula matemática: 

“Simplicity + Complexity = Simplixity”

En la entrevista, Don Nuno habla del legado de Ace Frehley como guitarrista, habla de cómo su música trasciende al hacer lo difícil, parecer fácil. De cómo en la sencillez de sus ritmos y riffs radica escondida —o no— su complejidad. Es entonces que lanza su teoría que yo resumí en dicha modesta suma: 

Simplicidad + Complejidad = Simplijidad.

Me encantó que en español también queda… ¡De hecho! suena mejor, gracias a la ensalivada jota colonizadora, ese grafema que suele raspar la garganta antes de salir en forma de fonema. Aunque corría el riesgo de sonar a cierto ex prejidente tabajqueño corrupto, cínico y mediocre, sí me quedé con la palabreja que, si bien no acuñé yo, la traducción sí me pertenece —creo—.

Ante tal afirmación, empecé a desgarigolear mis metáforas; o sea, mis tacos con menos crema. Porque creo que la exageración va sobre los escenarios o ante una videocámara, mas el texto se sirve crudo, tal vez con sal y limón o alguna importada especia coqueta de esas que “enchilan”. Las palabras escritas se cocinan sobre la parrilla de los ojos de cada lector y, con un poco de suerte, hasta se convierten en recalentado al trascender en alguna plática en forma de mención o cita. Más aún, se transforman en referencias como los eclipses de los que hablé en la Edición #93 (Abril 2025) y que ahora usamos —tres o cuatro personas— como sinónimo de “coincidencias”.

Es en esta misma entrevista, donde se recuerda una de las más famosas frases de Ace Frehley cuando le preguntaban sobre su influencia musical, ya que, como buen artista, quien a pesar de su incuestionable talento y éxito, sufría del simpatiquísimo Síndrome del Impostor. Cómo diablos un humilde chamaco salido del Bronx neoyorquino iba a influir e inspirar a músicos que, tal vez en muchos casos, son más virtuosos que él.

“De haber sabido que iba a inspirar a tanta gente, hubiera practicado más”
Ace Frehley.

Entre humildad y el humor payaso que lo caracterizaba, invita a ver lo que nos negamos a ver. Eso que evadimos cuando nos reconocen cualquier cosa: un favor, un detalle, textos, dibujos, tu maternidad, tu esfuerzo, tu dedicación, tu puntualidad, tu constancia, tu necedad de emprendedor que se niega a ser definido por un fracaso, o dos, o tres, o cuatro, o todos los que lleves en tu haber.

No importa cuán simple sea tu acción o cuán compleja sea la cirugía con la que salvas una vida, hay alguien observando, sintiéndose inspirado, motivado u orgulloso por lo que haces, mientras, paradójicamente, a la par, tú sientes que no eres suficiente o que lo que haces no alcanza.

Sin ninguna duda en lo simple habita también, en mayor o menor grado, algo de complejidad. Lo confirmo cuando recibo el más sencillo de los comentarios felicitándome por una línea, un párrafo o una idea que los movió. Lo confirmo cuando alguien encontró entre mis líneas la respuesta a una pregunta que le tocaba la ventana de sus párpados impidiendo que conciliara el sueño.“Hago lo mejor que puedo” no debe ser una mala muletilla para disimular el pavor que te causa no lograrlo una vez más. Hacer lo mejor que puedes no es tan simple como suena, pero tampoco es un complejo imposible, realmente sólo es simplije.

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