Sin embargo, a pesar de eso, intento aferrarme a una subjetividad que prácticamente sólo habita en mi imaginación, ya que, en un mundo bicolor —negro o blanco— no cabe la infinita variedad de tonalidades de grises, aunque, en realidad, el color que más tonalidades diferentes tiene es el verde, y aún así a todas las llamamos “verde” a secas.
La variedad nutre: lo sé, lo sabes, se sabe. No importa a qué lo apliques… bueno, si lo aplicas a una fórmula química, supongo que si te pones a variar de ingredientes, tal vez acabes —en el mejor de los casos— embarrado de una viscosa mucosidad verde a secas. Entonces reformulo: omitiendo lo obvio —y por seguridad—, en general la variedad nutre.
Poco a poco he trabajado en avanzar hacia una mejor versión de mí mismo. Ya he abordado esa idea de superación personal en varias ocasiones por estos lares; en parte, porque repetir el mantra ayuda a apegarse al plan y en parte, porque es cierto. No siempre son perceptibles, pero si se toma un poco de distancia, se pueden apreciar los cambios. En ocasiones la evolución es drástica y evidente, pero la mayoría de las veces es lenta, dolorosa e imperceptible: lo sé, lo sabes, se sabe.
Frecuentes son las ocasiones en que mi irreverencia y desacralización cotidiana como estilo de vida, amenaza con llevarme a la “cancelación” social. No es que no tema a las consecuencias que algo así pudiera traerme, sin embargo, no me permito la censura sólo porque terceros no saben separar un chiste, de la realidad; porque no tengan la capacidad de discernir entre reírse de una broma que utiliza la mortal y maldita enfermedad que es el cáncer —por ejemplo— a desear que alguien padezca cáncer y reírse de su suerte; sobretodo cuando uno mismo ha convivido de cerca con la enfermedad, incluso personas amadas, quienes ya viven sólo en la memoria por culpa de ese mal.
La vida ya es dura por sí sola: lo sé, lo sabes y se sabe. Uno se puede reír de cosas que horrorizan en la vida real —sólo para aminorar la carga emocional—. Si no puedes, siento decirte que ese problema radica en ti. Así que de mí no esperes un discurso políticamente correcto porque debo cuidar que nadie se ofenda. TÉCNICAMENTE ESO ES IMPOSIBLE: mi sola existencia ofende a más de uno. Si alguien se ofende, es problema de esa persona, persono, persone o personx.
Y justo el Factor X me llevó a esta reflexión sin pies, ni cabeza, pero con todo en su lugar —¡que bonita paradoja me salió!—. Leía un boletín que me gusta mucho y que cada semana hace recomendaciones de todo tipo: literatura, música, series, cuentas en redes, películas, podcasts, websites, etc. En ésta ocasión la primera recomendación —de 4 ó 5— empezabx a utilizxr algx con lx que simplementx nx puedx: la equis en lugar de vocales. No puedo. El del problema soy yo: lo sé, lo sabes, se sabe.
Creo que no sólo no tiene sentido y es impronunciable, sino que además no aporta; valga, no hace ninguna diferencia y, en lugar de atraer simpatizantes a sus filas, nos repele: lo sé, lo sabes, se sabe. Las ideas fluyen, no se imponen. Yo defiendo el derecho de cada quién a hacer lo que le plazca y ser quién le plazca con quien le plazca donde le plazca. Siempre que no se afecten a terceros: reproducete, adopta, aborta, júntate, cásate, divorciate, transfórmate, desvístete, recorre todo el arcoíris y hasta canta en la regadera.
Cambiar vocales por una espantosa equis —como hizo Elon Musk con Twitter— no soluciona nada y repele a prejuiciosos lingüísticos como yo. Es sólo una mano de pintura nueva sobre un edificio en ruinas. Es un cambio de forma, pero no de fondo: lo sé, lo sabes, se sabe; aunque el del problema sea yo.
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