¡Y mucho ojo, eh!
Alrededor de mis 5-6 años, repetían en el Canal Dos varios spots acerca de cuidar nuestra integridad como niños. ¿Quién no recuerda el “y mucho ojo, ¿eh? Así se hace, recuerda, tú vales mucho y mereces respeto…”. ¡Qué cosas!
Yo me acuerdo que una ocasión mis papás no estaban en la casa. Tendría 10 años. Sonó el teléfono como a las 8 de la noche y yo era la que estaba mas cerca para contestar:
-¿Bueno?
-Hola nena. ¿Está tu papi o tu mami?
-No, no están. Si quiere hable más al rato cuando lleguen.
-No mira, quiero hacerte una pregunta.
-Pero es que mi mamá no está.
-No importa, prefiero que tú me contestes. Mira pon atención. Yo soy un doctor y estoy previniendo a las niñas bonitas como tú de una enfermedad….
Créanme, el monologo continuó unos minutos más pero parecieron días completos en ese momento. Lo que sigue, por prudencia y por no generarles morbo, fue (hasta la fecha) algo que me marcó. No fue una violación, claro está, pero me sentí humillada y confundida. Me habló de cosas que yo no tenía idea para esa edad y sin saber por qué, no pude colgarle en ese instante. Tuvo que llegar mi mamá para que pudiera decirle “¡Hey! Ya llegó mi mamá, te la voy a pasar”. Obviamente el sujeto ya había colgado.
No pude decirle a mi mamá nada de lo ocurrido, por que como lo he planteado anteriormente, mi mamá no era muy ducha en eso del sexo, MENOS con sus hijas. En fin, el punto es que como niño, no es verdad que reacciones de la manera mas adecuada.
Si en un niño es así, en un adulto no dista de ser igual de bochornoso, triste e impotente que se enfrente a situaciones tan incómodas en las cuales no sepa uno como reaccionar.
Hace unos meses (por enero) fui a La Paz por motivos de trabajo. Me habían pedido un análisis médicos rutinarios y tenía que entregar una bola de papeles en oficinas de allá (Yo vivo en San Lucas). Así que fui al consultorio médico del Doctor Simi, que está enfrente de la tienda del ISSSTE. Eran las 7 de la tarde (noche) y pregunté por el doctor, un joven muchacho me hizo señal de que estaba al fondo en su consultorio y me invitó a pasar. Caminé por el pasillo y al final estaba un hombre, bien chaparro, blanco de cabello castaño claro, con una bata que le quedaba grande, su estetoscopio mal colocado alrededor de su cuello y sin un ojo. (Sí, puede resultar algo impresionante, pero no dejo que ese sentimiento se me salga de las manos para no hacer sentir mal a nadie).
Me sonrió y me convidó a sentarme. Después del saludo y de la corta referencia climática, me preguntó cuál era el motivo de mi visita. Le platiqué que el puesto federal que deseaba solicitaban análisis rutinarios y pues ese era mi motivo. Me hizo varias preguntas, al principio normales y después cosas muy sin chiste, como acerca de mis tatuajes: ¿Qué si cuanto tiempo tenía con ellos? ¿Qué si no había notado alguna reacción en mi piel? ¿Qué si los colores no me hacían sentir mareada? ( ¿¿¿WTF???).
Entre más avanzaba la consulta, más estúpido se ponía todo el clima. Guardé silencio y puse mi característica cara de “hijo, la estás cagando”. Empecé a sentirme incómoda y se lo dije – ¿Cual es el punto de preguntar acerca de mis tatuajes, si vengo a una revisión superficial? -bueno- contestó él -quiero saber solamente, me han reportado cientos de casos en los que los tatuajes causan una serie de enfermedades que no te quiero ni contar.
Como es de esperarse, me ataqué de la risa, estaba de lo mas incómoda. Me pidió que me sentara en el chingado sillón-cama que tienen para tomar la presión. Yo traía una camisa blanca con rayitas rosas, al cuerpo y las mangas me quedan justas. Quiso alzar la manga pero como estaba tan justa solo llegaba al codo. Le dije que se podía tomar la presión así por encima, porque ya lo han hecho antes y me insistió que no podía.
Ahí se me prendió el foco y esperé a ver cuál era su reacción. Si lo que están imaginando es que me pidió que me quitara la camisa, están en lo correcto. El bastardo me dijo que si quería el examen médico, tendría que quitarme la camisa. Tomé aire. Me quedé sentada en donde estaba y le dije -estás pero si bien mal, si crees que me voy a desnudar sólo para que me tomes la presión.
Ok, ok. Te doy el examen así, te lo firmo y no hay ningún problema. Dijo. Para entonces yo ya era una hervidera de encabronamiento. “Estas bien pendejo, pinche animal. ¡¡¡¡¡¿Qué clase de doctor te crees que eres hijo de tu puta madre?!!!!!” Y gritando, para que la gente de afuera oyera lo que tenía que decir del enfermo, que se hacía pasar por doctor.
Tomé mi chamarra mientras me llamaba: “espera, espera”. Salí al recibidor, gritándole a los de la farmacia: “¡¡¡¿Qué clase de enfermo tienen por doctor?!!! ¡¡¡Lo voy a reportar!!!
Estaba fuera de mi, toda temblorosa, nerviosa, alterada y contrariada. Pensé rápidamente ¿Qué es lo que tengo que hacer? Reportar a este enfermo para que no siga haciendo sus cochinadas. ¿Cuantas niñas, niños, adolecentes, mujeres solas, toca este pervertido? ¿Cuánta gente se deja? Por miedo, por ignorancia, por la incapacidad de discernir que nadie tiene el derecho de tocarlo o de soportar que le digan palabras que a uno le hieren.
Vi el número de teléfono en letras amarillas para quejas y sugerencias. Lo guardé rápidamente en mi teléfono y salí de ahí. Me subí a mi carro y fui a otra Similares que está por la catedral, enfrente del Jardín Velasco.
Un doctor muy formal me preguntó por qué estaba tan alterada y le platiqué el incidente. Me dijo que podía hablar a ese número que había apuntado en mi cel. Que diera el número del consultorio y la zona. Él me proporcionó amablemente los datos. Después de hacerme un análisis clínico NORMAL, me dio una hoja firmada por él, donde constataba, felizmente, que estaba completamente sana.
Salí a toda marcha para entregar mis papeles. En el camino hablé por teléfono (es un cero-uno-800), di los datos y reporté al asqueroso y propasado doctor chimuelo de un ojo.
Hasta le fecha no he vuelto a La Paz. No he tenido necesidad, ni dinero. No sé si sacaron a este doctor del consultorio pero según tengo entendido no está ahí. Sólo me resta decirles: mucho ojo, cuéntaselo a sus superiores y haz que corran al cochinón.
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Sangrar a lo pendejo
Cuando me da coraje me dan ganas de botar cosas y romper ventanas.
De mis tiempos de adolescente no controlaba mis histerias y había momentos en que me cortaba. Lo llegué hacer varias veces hasta ya cumplidos los 20 ( eso creo). Me hacía cortes en los brazos y luego los ocultaba debajo de ropa negra de manga larga.
Llegué a tener un novio al que le gustaba pegarle a sus novias, claro que yo no lo sabía hasta que anduve con él.
Una vez estábamos en el cuarto de su casa casi a punto de salir a parrandear. Era alrededor de las 10 de la noche. Planeamos la noche para pistear en Las Varitas y divertirnos con los amigos.
Entré al baño antes irnos y cuando me acomodaba los pantalones que siento caliente el oído y vi lucecitas. No me caí ya que me detuve de la puerta y volteé a verlo sin saber que ocurría. Antes de que cayera en cuenta me jaló del brazo, me hizo varias cortadas en él y me dio contra la pared.
Estaba sacadísima de onda y muy asustada, así que me acerqué a la puerta lo mas rápido que pude y salí corriendo de ahí.
Salió a buscarme y me gritaba que regresara mientras yo corría calle abajo. No quería que me encontrara, estaba tan asustada que no sabia que hacer. Me revisé en el vidrio de un carro estacionado. Solo tenía los cabellos para todos lados y cara de espanto. Mi brazo me ardía un poco. Sólo habían sido rasguños superficiales. Me compuse, limpié mis lágrimas, los mocos correspondientes y me dirigí al único sitio que yo consideraba seguro en ese momento: el malecón.
Caminé algunas cuadras esperando ver alguna cara conocida, pero nada. “Si me regreso a mi casa – pensé- de seguro mi mamá sabrá que algo malo pasó y me culparía de ello”. Así que irme a mi casa no era la mejor opción. Llegué a Las Varitas ya pasadas las 12 de la noche. Entré por el estrecho corredor (antes había un corredor) y busqué entre la nube de humo a alguien, a quien fuera, no quería estar sola pero tampoco quería hablar de lo que había sucedido.
Al otro lado del bar estaba La Jazz, bailoteando con su cigarro en la mano. Cuando me vio parada fue hasta donde yo estaba y me saludó. Me dijo que estaba con El Mau y que luego irían a la playa. Le dije que yo estaba cansada que iba a regresarme a mi casa. Creo que ella notó algo raro pues me propuso salir a tomar algo de aire y a cenar jates en la esquina. Y hablamos, hablamos, hablamos hasta que amaneció.
Después de esa noche terminamos este wey y yo (obviamente) pero no pude reprimirme las ganas de ir a su casa, entrar en su cuarto y darle en la madre a todas sus cosas. Corté ropa, cuadros, fotos, colchón, sábanas, cobijas, las almohadas las dejé como tiritas de papel. No quedó ningún pantalón, ni truza viva. Y sus preciadas camisas de marca (o eran robadas o eran piratas) quedaron para limpiar carros.
Caí en una profunda depresión y seguí cortándome un tiempo más, pues no hablaba de mis frustraciones y sentía que la única manera de liberarlas era sangrando.
Ahora, afortunadamente, son pocas las veces cuando me enojo, hablo de lo que me molesta y no me agradan los conflictos. Sí traigo mucho coraje, sí me dan ganas de botar y romper cosas, pero trato de calmarme, de ver todo más objetivo y tratar en lo más posible de no hacerme daño ni dañar a nadie. Ahora aprovecho los arranques de furia para ponerme a producir; dibujo, pinto o me pongo a escribir. Creo que es más productivo que sangrar a lo pendejo.
Mar Radial.

Sangrar a lo Pendejo
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Veintitres
¿Que estaba haciendo a los 23?
Bueno, a lo que me acuerdo, estaba cursando algún semestre de la carrera de Derecho. Batallando pa’ conseguir feria pa’ salir. Vivía con el negro y con mi jefe, era, literalmente, un infierno, sólo el negro me alivianaba machín.
Mis amigos armaban toda clase de pisteadas todos los fines de semana en mi casa. Empezábamos los viernes y acababan los domingos. Era una sola tribu que ponía en el rudimentario estereo de cuatro cd’s o algún cassette olvidado de algún grupo de metal de los chochentas. Platicábamos de lo mismo y nos reíamos de lo mismo. Las conversaciones eran de las caricaturas que veíamos en nuestra infancia y de las pisteadas anteriores.
Ya sabes, en todos los grupos de amigos siempre está el borracho que se bota primero y al que traen a carrilla después. La comehombres que espera que se bote ese borracho pa’ poderle brincar. La casada que se espanta de tanta barbajaneria y ahí le gustaba estar. El imprudente que siempre hacía un comentario de hueva. El que se las sabía de todas, todas: desde el nombre y el apellido del vocalista de una impopular banda, hasta el color de los calzones de tu madre. La que traía a todos los solteros, y a algunos casados, detrás de su trasero probando suerte. El chistoso que siempre que abría la boca era pa’ decir algo punzante. El exhibicionista que sólo esperaba el momento pa’ andar enseñando el pito y su igual pero en mujer que sólo esperaba pa’ andar enseñando las chichis. El gritón que quería llamar la atención de todos. El que pedía un beso pa’ no sentirse solo. Los que no conocía. La que no decía nada y solo se reía.
Y así, muchos y tantos con sus cualidades y defectos y todos éramos felices en ese momento. Éramos amigos del alcohol y de la noche. Nunca nos comprometimos a ver que sucedía después de las ballenas.
El piso de mi patio parecía florecer en amarillo de tanta corcholata de Pacífico. Los cristales ámbar oscuro de los envases me recordaban que habría que limpiar antes de que saliera mi papá y empezara a señalarme con sus prejuicios de adulto divorciado. Pero disfrutaba limpiar a mis 23. Recordaba lo sucedido la noche anterior, me reía, me complacía tener tan diferentes personalidades en un sólo lugar.
Ayer en la tarde una amiga me dijo que un muy cercano amigo suyo haba fallecido. “¿Te acuerdas de él?” me preguntó “Vive aquí al lado. Salió con nosotras el día de tu cumple… ¿pues qué crees?, lo atropellaron. Venía de una fiesta caminando por Soriana y nunca supieron quien lo atropelló. La policía fue a su casa el domingo en la mañana. Ya lo habían dado de alta del hospital y falleció el domingo en la noche… tenía 23 años. Estaba bien morro…”
La verdad no me acuerdo de él, ni como sería él en esas pisteadas. Si sería el imprudente, el amable, el carrilludo, el besucón. No lo sé… pero me acordé de mí a mis 23.
Si te toca, aunque te quites. Si no te toca, aunque te pongas… dicen por ahí.
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Eleonor
Marzo es el mes que más me gusta. Está el clima especial para ir a la playa. Hay sol ardiente al medio día pa’ tirarse sobre una toalla como cachora y frijolito en las noches pa’ la fogata. El viento lleva la brisa del mar a mi casa, que da al pacífico. También es el mes de la primavera.
No es que me emocione el cambio de clima, si no que la gente se pone más sexosa. Como que hay más sexo que el de costumbre. ¡Sí! ¡¡¡Más sexo!!! Por arriba, por abajo, se suben los calores y los ánimos pa’ tener sexo por todas partes… ¡AAAAHHHH! El sexo está en el aire, como dice la canción. Que sabroso.
Pero no es tanto por esto lo que me gusta el mes de marzo, en realidad lo emocionante es mi cumpleaños. Me gusta más que cualquier otro día del año, más que las navidades o que los años nuevos. Los cumpleaños es lo que rifa realmente. Dar felicitaciones, que te feliciten. Hacer pachanga para que tus amigos se reúnan por que ese día naciste. Que celebren tu presencia en este planeta es de poca madre.
Este cumpleaños me la pasé a toda madre. Empecé a festejarlo con una semana de anticipación. Nos fuimos de fiesta la prima y yo, y agarramos la jarra desde el sábado. El martes siguiente me tocó la pisteadera con un puño de mujeres que dan todo por esta servidora y siguió el sábado siguiente con un par de borrachos en mi casa (jejeje) y el domingo la familia completa y los amigos en mi casa de nuevo, con una sabrosísima carne asada.
Nos reímos, me cantaron las mañanitas (se me hace la parte mas chida de cualquier borlo) y me regalaron un chingo de cosas: playeras, perfumes, bolsas, aretes, pulseras, pero yo creo que dentro de todo esto el mejor regalo que recibí fue el nick de mi buen amigo Pelayo. ¡O sea no mames! ¡Cambió su nick todo un día para festejar conmigo a larga distancia mi cumple! Que detallazo mi buen, es enserio.
Realmente lo único que hubiera opacado tu regalo habría sido que me regalaran un Mustang Shelby Eleonor, color negro, con detalles en cromo, con interiores en vino y volante de madera tallada, cambios con una calavera con incrustaciones de rubíes, con sonidazo pa’ poner metal y doble flowmaster.
Sé que tus intenciones son buenas, pero quedarías en la ruina, mi Pelayo del alma, si trataras de comprarme ese carro el año que viene, en vez de poner en tu Nick: “Feliz cumple Q-K-ra radial”.
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Colaboradores… ¡Mis huevos!
Yo si quisiera saber una cosa: ¿Dónde chingados está el otro colaborador que según muy misterioso y muy uyuyuyyy? Que la sombra precoz y no sé qué… ¡De lengua me como un taco mi rey!
Y podrán darte la bienvenida pero de que sirve, si no te has aparecido ni una sola maldita vez. Che colaborador de madres.
Si te comprometes, pues cúmplale papá o mejor no prometa nada. Ahí está el pobre de mi patrón posteando de harina pa’ sacar al quite que yo no le pueda escribir nariz algunos días, pero pues ahí la llevamos ¿no?
Póngase las pilas y aunque el ombligo esté ya medio puerco por mi presencia, pues échele una barrida o de perdida un comentario a las entradas. Si sí se puede compadre, usted júntese conmigo y será posteador.
‘Ora sí. Bienvenido mi buen.
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Trascendencia borracha
Y que la mar se va de pisto. Tendría apenas 4 días de haberme puesto hasta mi madre y que vuelvo a salir arriesgándome a todo. Órale, al cabo pa eso son los cumples, ¿no?
Pues ahí estoy con esa bola de viejas que andaban todas “entaconadas”. Los tacones no es lo mío, a menos que sea pa’ verme bien dominatriz, y como esa noche era más decente, pues que me pongo mis tenis, mi pantalón de mezclilla y una playera pa’ enseñar tatuajes y piel.
Llegamos al bar y pues todo estaba soso, había puras mujeres y como tiburón depredador que soy, no había nada a que hincarle el diente, así que me decidí por ponerle atención a los alcoholes.
Bien, después de pedir los respectivos tragos por ser barra libre, empezó a correr el alcohol a discreción, en un momento tenía más de cuatro vasos llenos del espumoso néctar, pues la neta, me encanta la chela, y como no soy hipócrita, pues que le pego unos besotes a los vasos.
Ahí estaba pisteando a gusto cuando empieza el chingado show. Un mono que se parece a mi carnal, se monta al escenario y no mames, cagada de la cura con el wey y las pendejadas que decía. Subió a otras tres changuitas a hacer un desmadre con globos, por supuesto con los respectivos meseros, obvio todo incluye sexo, doble sentido y groserías. No’mbre, era la mera cura.
Ya después salieron los estríper, que no mames, ni yo tengo las nalgas tan cuidadas. El primero sí se veía más bien como corto, ¿no? El segundo pues como de hueva. El tercero fue un ¡¡POÑOÑON!! Tenía la “vichola” (o al menos en la tanga) enorme. Les bailó a la bola de viejas gritonas que estaban a la orilla del escenario y que se quita tocho ¡y a la verdura! Según la que se agacho a verle el cuello de ganso, pues que si lo tenia de ese calibre.
No me arriesgué a seguir preguntando, la neta, para mí los estríper son de otro planeta. De los que la ropa está regada por el suelo y hay un chingo de lentes oscuros de todos tamaños y colores. De los que viven en un “depa” con olor a aceite de coco y está lleno de disfraces y diamantina. Para mí ni con alcohol me resulta atractivo un hombre que se quita la ropa a la mitad de una canción de Alejandra Guzmán y mueve sus labios al unísono de “¡hacer el amor con otro, no, no, no…!” ¡NO, NO, NO!
Un hombre me gusta bien hombre. Que no esté mamado, ni que tenga aretes en los pezones. Que no se trate de ver mejor que yo y que mucho menos huela a aceite de coco. A mi me gustan los gorilas que no cantan canciones de amor y que eructan enfrente de una. Que huelan a trabajo y les valga madre tirarse un pedo hediondo. Sí, la neta mi amor es escatológico. Pero tiene mucho que ver con mi sentido de supervivencia. Un estríper dudo mucho que sepa cambiar una llanta, a lo mucho que podría esperar es que me diga cual shampoo usar si tengo las puntas del cabello quebradas.
Así que la neta, por más peda que ande, un estríper no es lo mío.
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Soy setsi
Iba la Mar un día en su súper Trooper, disfrutando de lo lindo el viento fresco, el suave sol de la tarde y el sonido de su “flowmaster”, cuando le toca un semáforo en rojo. Pone el estéreo buscando una canción de Moonspell y ¡Zaz! Su vista choca con una playera rosa fosforescente y brillantitos de colores sobre la frase: “Soy Sexy”.
Le bajé al estéreo para ver mejor (sí, veo mejor con la música en volumen bajo ¡¿y qué!?). La portadora de aquella incandescente playerita no era más que una niña regordeta, pasada de carnes, prietita, mas bien chamuscadita. Era todo menos sexy.
Pensé, ¿cuál es el afán del sarcasmo maternal de vestir a sus hijas con esta clase de literatura callejera? De etiquetar cruelmente a sus hijas y encajonarlas en un sueño que no pueden realizar, sino a través de una pieza de algodón con brillantes.
Más hay de “Soy Princesa”. ¡¿Princesa de qué?! ¿De los tamales? O aquella que dice: “Trátame delicadamente que me rompo”. Pues piñata ya está, sólo faltan los palos.
Por favor, si van a dedicarle una frase a la ropa pongan algo como lo que vi el otro día en una pequeña niña de 7 años (la foto la pueden encontrar en internet, ¡por su pollo!) “Si crees que soy una perra, es que no haz conocido a mi mamá”. Esa sí es franco cinismo. De hecho, voy a hacerle una con esa frase a mi pequeña pirañita.
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Quiero ver películas de terror pa’ dormir
No hay otra manera más placentera para irme a dormir que la de ver una película de terror. Me acomodo en mi King Size, pongo dos o tres cobijas encima y alrededor mío, volteo a ver a mi marido que esté dormido y pongo el dvd (en este caso el xbox 360).
Me encantan las sorpresas, los malos ratos que la gente incauta tiene que atravesar. Me gusta el olor a matanza del otro lado del vidrio y esas imágenes de gente sin mandíbula, de uñas carcomidas llenas de carne y lodo, de cabellos que salen por los ojos y estudiantes que brincan a las vías del tren. O de esos que se convierten en caracoles y suben paredes de escuelas.
Nada más maravilloso que una rubia japonesa perseguida por un espíritu que voltea los ojos o una geisha con una mano en la cabeza que pincha a una mujer colgada de una pierna y se orina encima. Con que humildad brotan esas gotas de sangre tibia fluyendo para satisfacer mi instinto de miedo… o no es miedo, más bien es morbo.
Me gusta ver, oir y sentir, como se me eriza la piel de los brazos y llega un punto en el que no quiero seguir viendo y sigo viendo, quiero ver mas, ojos colgando, caras siniestras, dedos mutilados, dolor ajeno. Una vez me dijeron que mi problema es que tengo conciencia laxa, que me vale madre el dolor ajeno. Tal vez sea cierto, pero para mi es la mejor forma de dormir.
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Mar, La Warra
Warra por profesión, dibujante por decisión, escritora por invitación, satanista por aceptación, mamá por pasión y tatuadora por convicción.
Sí, por el momento tengo el 50% de mi cuerpo tatuado, y es el 50% visible. Por eso el día de hoy voy a contestar las preguntas más repetitivas que me han hecho en estos últimos 7 años:
P. ¿Duele?
R: A wevo que duele, no soy de piedra.
P. ¿No te dicen nada?
R: Bueno, creo que esa se puede considerar una pregunta retórica, ¿no?
P. ¿No tienes problemas en el trabajo?
R: Mmmmm, no cargo cajas con ellos, si es a lo que se refieren. Y tampoco nunca me han dicho que quieren ir a una entrevista de jale…
P. ¿No te dijeron algo tus papás cuando te los vieron?
R: Pues si, por eso ellos viven allá, y yo a 200 km de distancia (¡sabroso!).
P. ¿Y qué les vas a decir a tus hijos cuando crezcan?
R: No mames, ¿cómo que qué les voy decir?…
Y a continuación la frase que se lleva el premio a la mamada mas repetitiva (pongan sonido de tambores):
“SIEMPRE HE QUERIDO UNO Y NUNCA ME HE ANIMADO”
Chales, hay que ser un poco más original cuando encuentren a alguien tatuado por ahí. Pregúntenle cual será su siguiente tatuaje, o no sé, algo más original…
Yo creo que todos los tatuados sufren de la misma maldición. Afortunadamente la gente que me ha rodeado supera al promedio y pelea contra su propia ignorancia. A todos, ¡gracias por preguntar!
Y dicho sea de paso, adquieran el gusto por la placentera sensación del dolor. Es un hecho, van a querer más.
Los Simpsons versión Warra:
Y el soundtrack de Mar Warra, La Película:
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Los perros me cagan
Los perros me cagan, no es por el hecho de ser algo repulsivos en sus hábitos, o que todo el tiempo se anden oliendo la cola; no, es por que se me hacen tontos y torpes. El único perro que me gusta, es el que tengo ahorita. Yo no lo quería, se lo regalaron a mi hijo el día de su cumpleaños y con todo y mis prejuicios caninos le solapé el hecho de tenerlo en la casa.
Es un pequeño Pitbull negro y blanco, una monada de animal. Lo peor que le puede pasar a un perro es salir en un calendario, wakala los calendarios de animales y peor los de perros, se me figuran a los gustos de un viejito pedorro…wakala de nuevo. O también están esos raros y raras que les gusta vestir a su animal con ropa de humano. ¡Qué se consigan una vida por favor!
Pero lo peor de lo peor es tener una vecina que tenga un perro maricon. Lo digo por experiencia. El perro en cuestión es un Frenchpoodle (la raza menos agraciada de los caninos) y no contenta con la raza le puso por nombre Mitzy. Después le compró un mini suéter rosa y un moño a juego…¡¡Yo pensé que era hembra!! Pobre, pobre animal.
Los que si son una desgracia andante son los Chihuahueños. No sé si a esa raza les pusieron así por los que viven en chihuahua o no se por que causa. No les dará pena a los de chihuahua decir “mira, ese perro es un Chihuahueño”. Es como si los de la baja tuviéramos una raza de perros llamada Californios, estaría curado ver un perro de patas flacas, tronco ancho, poco pelo, pito chico y huevón, ¡eso si sería un Californio!
Dicen, y lo he leído en un par de ocasiones, que lo perros tienen personalidad y que se mimetizan con la personalidad de sus amos, pues bien, lo mas probable entonces que mi perro vaya a ser poco tolerante, tragón y muy mula. Pobre de mi perro. Ya viéndolo de esa manera, mejor lo cambio por una tortuga, o mejor aún, por una víbora.