Me purgan mis vecinos.

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Mis vecinos son, en el mejor de los casos, folclóricos. Son la definición perfecta de cliché mexicano. Trataré de describirlos corriendo el riesgo de quedarme corto en adjetivos. Son todo un caso.

Viven en una casita-departamento igual al mío, 2 recamaras muy pequeñas, en las que apenas cabe una cama matrimonial. Ambas con su “built-in” closet. Una sala-cocina-comedor. Un pequeño baño completo. Y un patio de unos 10 metros cuadrados. Hasta ahí no hay nada fuera de lo común, hasta que se toma en cuenta que ahí vive el ejército romano completo.

El papá, callado, serio, agradable, amable, respetuoso, pero sumiso. La mamá, una doña de vecindad que no habla, grita, pero en serio grita, las 24 horas del día. Cuando gusten les doy una cita y el día que vayan, a la hora que vayan, está gritando. La hermana de la mamá, una gorda que todo el día anda en bata, la viva imagen de una vieja huevona y fodonga. El novio de la hermana de la mamá, un fumador compulsivo, moreno, demasiado joven para la fodonga.

Una niña, gritona como la mamá y fea como la chingada. Dos niños, uno de ellos un irreverente, grosero y burlón que no respeta ni a su chingada madre y “El Gordo”. Todavía no termino, falta una subfamilia. La hija mayor, de unos 18 años. Madre de una niña de un año, La Jenni. El papá de La Jenni, un joven de no más de 20 años. Y La Jenni, por supuesto.

Todos ellos viven en el mismo espacio en el que apenas quepo yo y todo mi cochinero. Ponen música de banda a todo volumen todo el santo día. Bueno, me dan tregua cuando abren la puerta de su sala y ven Laura en México o las Telenovelas a todo volumen. Y cuando digo a todo volumen es a tal grado que se escucha más su televisión que la mía (cuando tenía televisión).

El Día de Muertos le hicieron su fiesta de cumpleaños a La Jenni, un añito de vida. Jennifer Estrella, en honor de La Rivera. Tiraron la casa por la ventana. Ocuparon toda la privada, rentaron un brincolín, mesas, rockola y hasta un carrito de hot-dogs. Cual fiesta de vecindad. Una bonita estampa del folclor mexicano.

Anoche me acosté muy tarde, fue un muy buen sábado en el bar y cuando ya por fin alcancé mi camita el dolor de pies y el cansancio no dejaban dormir. Mis escandalosos vecinos y el técnico de gas me despertaron tempranito por la mañana en domingo. Mis vecinos se pusieron a aplastar botes de aluminio como si se acercara el fin del mundo. Con suerte y con la venta del aluminio le compran un bonito vestido a La Jenni.

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