Oyalep

Cítricos para cenar


Las naranjas son jugosas… las toronjas son jugosas… las mandarinas… ¿no has llevado frutas a la cama? Aquí, donde el calor de infierno no nos deja dormir, no se antoja otra cosa para cenar que unas naranjas partidas –tal vez, con sal y chile -; el secreto consiste en haber metido las naranjas un buen rato al congelador, para que estén frías, frías, frías…

Medio sentados, medio acostados en la cama, con el ventilador en su máxima potencia, recién bañados, el cabello escurriendo y pequeñas gotitas de agua que no han sido tocadas por la toalla (si te secas el agua, aparecerá inmediatamente el sudor), cenaremos en la cama, cerca pero separados, dejando que el ventilador nos seque. Tú me verás agarrar un cuarto de naranja, acercarlo a mis labios y apretar, para hacer salir el jugo que inundará mi boca. Y pondrás atención a ese movimiento, porque te encanta ver mis labios presionar la naranja para sacarle el jugo. Pero mi boca es pequeña, y la naranja está tan fría, y tan sorprendentemente jugosa, que no puedo evitar que se derrame el dulce líquido sobre mi pecho. Jugo helado, pezón sensible: reacción previsible, pero inevitable. Tu lengua, comedida, se apresura a limpiarme… y la dejo hacer.

Tres baños más: jugo de naranja, saliva, nuevamente agua… y entonces sí, a dormir. Pese al calor…

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