No están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero es que hace mucho que no escribo, y ya me reclamaron mis dos fans, mi mamá y mi alter ego. Y la verdad es que no he andado nada inspirado. Entre que no tengo tiempo, ganas, o salud. ¡Saluuuuuuuuud! Y pues como que la musa está muy ausente.

Fue por lo que me dije a mi mismo, “Mi mismo, pues escribo cualquier tontería. Siempre lo haces.” Así que heme aquí, escribiendo, sin escribir nada. Mucho bla, bla, bla, pero poca estructura y contenido. C’est la vie, qué se le va  a hacer.

Ya muchos saben que he estado enfermito. Agarré una maldita infección estomacal del estómago en la panza. La verdad no puedo culpar ni al pollo de mi madre, ni a la hamburguesa, ni a la pizza, ni a los tacos mixtos. No, la culpa es definitivamente mía por tragar todo eso en una sola tarde-noche.

¿Qué demonios estaba pensando? Nada. Mi estómago de perro se jubiló, y ya estoy, como dice mi doctor, en la edad de “Eso-No-Me-Había-Pasado”. Sé que los tantos treintañeros que pierden su tiempo leyéndome dirán, pero apenas tienes treinta. Y algún otro agregará, “los treinta son los nuevos veintes”. ¡Ni madres!

Ya hay que cuidarse que porque cae pesado esto o aquello. Ya no se pueden tragar los veinte mil tacos o los chorrocientos “jates”. De hecho, ya no se pueden tragar eso sin que al día siguiente se estén quejando de agruras o torzones, de buenas sólo flatulencias.

Llevo 4 días sufriendo por tragar como universitario al recibir su beca. No puedo decir que no lo volveré a hacer. No es cierto. En cuanto me sienta al 100 volveré a empezar a tragar chatarra. Eso sí, poco a poco. Pero lo que sí puedo asegurar es que voy a tener que cambiar varios hábitos “tragacionales”.

En fin, ya me desahogué. Pero lo más importante, ya rompí con la mala racha que tenía de tanto tiempo sin escribir. No importa que sean puras babosadas, lo que cuenta es regresar a la rutina. Algo decente surgirá. En lo que son peras o son manzanas, yo me como una. El doctor y mi “amá” me dijeron.

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