Oyalep

Mi Barrio


Digo, algo bueno había de tener… hacía muuuuucho que no andaba por las calles aledañas a la casa de ustedes (qué fórmula de cortesía tan peligrosa: ¿cómo hacerle si alguien te toma la palabra y se te apersona ahí para vivir contigo? A mí me pasó eso con mi licenciado ¡y soy tan feliz desde entonces!).

Pero bueno, al tema. El punto es que la poderosa RAVA (juar, juar, RAV4) dejó de serlo, y está en el taller, con un connato de desvielamiento (¿así se dirá?), y pues yo… a patín. Y me he dado cuenta de cómo me pierdo de ver cosas interesantes, por ir manejando, o comiendo moscas en el asiento del copiloto… y eso sin considerar los kilos y kilos de más en mis sentaderas, que requieren movimiento.

Acá dejo un par de fotos de casas viejitas, que yo encuentro muy monas, para compartir con la banda… si se fijan bien, a nuestro alrededor hay muchas más cosas bonitas, interesantes o terribles qué mirar.

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4 replies »

  1. La foto inferior es una casa de Santa Rosalía. Cuando la Compañía Minera El Boleo se declaró en quiebra (1959?), obviamente Santa Rosalía se quedó sin su fuente de trabajo mas importante. Los obreros no tuvieron derecho de indemnización y la compañía dejó el tiradero que aun existe en el puerto de las “playas negras”. Todo era propiedad de El Boleo, hasta las casas.
    Así empezó el éxodo de cachanías preferentemente hacia el norte y Guaymas, muy pocos emigraron hacia La Paz. La mayoría se llevó sus casas.
    Como se puede ver, eran casas -de los mineros- muy sencillas,hechas de madera, con grandes tablones ensamblados, consistían de tres o cuatro habitaciones y un sanitario. El exterior, por el frente había un corredor.
    Los que emigraron a La Paz les dieron un terreno que se encuentra -hoy- frenta a las oficinas centrales del COBACH. No se si será la ubicación de la casa de la fotografía.
    Son inconfundibles las casas cachanías, cada pedazo de madera tiene una historia, generalmente muy triste. Fueron días de trabajo duro, de explotación, de enfermedades y muy pocas o ninguna prestación laboral. Pero también de lucha sindical, formación de sociedades mutualistas, etc.
    Son las casas del pueblo que se negó a morir.

    • Hola, Artmeza. No había leído tu comentario. No son las casas que dices, pero están por ese rumbo, justamente. A la vuelta, sobre la Guillermo Prieto, yendo de la 5 de Febrero al centro. No me había puesto a pensar en las casas como algo más que muestras de un estilo arquitectónico, con valor estético principalmente… pero, de verdad… ¡la de historia que guarda cada muro, cada esquina, cada techo…!

  2. Estas casas guardan el viejo polvo de una época terrible porque la explotación a la que sometieron a los mineros, sin ninguna protección, sin seguros de ningun tipo; también porque los dirigentes del país dieron concesiones a El Boleo que hoy serían impensables. El Boleo no solo era dueño de todo el enclave, era quien manejaba las instituciones desde la policía hasta la educación; dueño tambien de las vidas y de las las almas de los habitantes.
    Pero tambien fue la entrada de los adelantos técnicos: luz eléctrica, tren, vehículos de motor, refrigeración, radio, teléfono, etc. Además, fue época de luchas obreras, de sindicatos, de formación de mutualistas ya no se diga de la Revolución Mexicana que tuvo su expresión en esas luchas obreras y de la sociedad civil.
    Una época apsionantes que está plasmada en varios libros y artículos periodísticos. Quizás el libro mas completo es “El Pueblo que se negó a moriri” de Romero Gil, un historiador cachanía del Colegio de Sonora, un documento muy completo y bien escrito. Recuerdo de también “Cachanía la guaymense” y otros artículos reveladores de la vida de Cachanía de las casas de madera, de Blas Ramón Cota Meza, escritor cachanía que actualmente escribe en MIlenio.

    Lo peor es que a pesar de que hay una ley municipal que preserva la forma y arquitectura de las casas el primer cuadro de Santa Rosalía, por la corrupción y el mal gusto, hay en el centro de Santa Rosalía unos bancos y otros edificios particulares de cemento con cristal, !horrorosos! quu obvio: le dan en la madre al paisaje.

  3. A propósito:
    Mi amigo Blas Ramón acaba de escribir para “Milenio Semanal” este artículo, ojalá lo disfruten:
    En el aniversario de Santa Rosalía

    Ramón Cota Meza

    En esta celebración centenaria falta recordar a las empresas extranjeras que han ensanchado las relaciones de México con el mundo y han aportado riqueza, tradición, fuerza de trabajo y habilidades creativas.

    Mientras se aclaran las inconformidades electorales, nos distraemos recordando a Santa Rosalía, Baja California Sur, en el 125 aniversario de su fundación (7 de julio). “Desde el mar escribió John Steinbeck parecía menos mexicana que las otras ciudades. Las ciudades mexicanas crecen de la tierra, parecería que siempre han estado ahí. Santa Rosalía, en cambio, tenía el aspecto de haber sido construida. Había fábricas industriales de gran tamaño y enormes rocas rotas…”

    Erigida por la compañía francesa El Boleo, Santa Rosalía es la primera ciudad industrial en la historia de México, híbrido de company town y cité ouvrier, el punto más occidental del industrialismo europeo del siglo 19. Gran negocio, El Boleo es también una demostración de la voluntad francesa de crear relaciones constructivas con México después de la Intervención. El símbolo de la modernidad de Santa Rosalía es una iglesia de hierro prefabricado, atribuida a Gustave Eiffel y exhibida en la Feria Mundial de Bruselas en 1889.

    Santa Rosalía originó la Ruta del Cobre, primera ruta marítima global con destino mexicano en el siglo 19: cargos de carbón de Alemania para la fundidora del Boleo por la ruta de Cabo de Hornos, cargos de planchas de cobre del Boleo como lastre en la segunda parte de la travesía hasta San Francisco, Tacoma y Vancouver para recoger trigo y madera, transportados de vuelta a Europa, Sudáfrica y Australia.

    Las embarcaciones eran de vela, de hasta 300 pies de eslora, cuatro mástiles, casco de acero y fuerza motriz sobre cubierta. Joseph Conrad escribió que la Ruta del Cobre fue “la última escuela de navegación”. En El espejo del mar cuenta que un personaje suyo está basado en el capitán de una de esas embarcaciones. La historia de la Ruta del Cobre está contada e ilustrada en To Santa Rosalía, Further and Back, Donald P. Huyckie, Mariners Museum of Virginia & Oxford University Press.

    El asentamiento del Boleo se componía de una pequeña ciudad industrial y cuatro centros mineros aledaños comunicados por ferrocarril y teléfono. Tenía fundición, talleres, laboratorios, flota mercante, plantas de electricidad, estación de radio, edificios escolares, almacenes, tiendas, clínica, imprenta, teatro, cines, etc. El rompeolas del puerto es el primero construido con basalto de fundición en el mundo y fue presentado como una de las grandes obras del porfiriato en el primer centenario de la independencia.

    La mejor herencia del Boleo es una fuerza de trabajo y una clase administradora mexicanas a la altura del arte. Cuando El Boleo cerró en 1954, muchos trabajadores y sus familias emigraron a diversas ciudades del noroeste mexicano y California. Directivos franceses y mexicanos crearon industrias, flotas pesqueras, astilleros, empresas agrícolas en los estados vecinos y hasta una línea de aviación regional.

    Cuando se pensaba que Santa Rosalía sería un pueblo fantasma más, el gobierno mexicano tomó los activos del Boleo y creó la Compañía Minera Santa Rosalía en 1957 con la mitad del personal. Yo me vi en una foto en brazos de mi madre, que aclamaba en multitud al presidente Ruiz Cortines. Santa Rosalía adquirió entonces un segundo aire, hasta que el gobierno liquidó la empresa en 1984, a 99 años de su fundación.

    Ese año se despertó un interés popular inusitado por la historia de Santa Rosalía a raíz de la publicación de un opúsculo con los datos históricos básicos de su fundación y evolución. Inmediatamente se formó un comité para celebrar el primer centenario al año siguiente. Llegaron personas mayores de ciudades del noroeste mexicano, Estados Unidos y otros lugares, todas recorriendo las calles con cara de asombro, como arañando sus huellas. Familias y parejas de ancianos se detenían en las esquinas, oteaban hacia todos lados como buscando reconocerse y proseguían su recorrido.

    Santa Rosalía ahora es otra cosa, una miscelánea de actividades precarias, muy deteriorada por los huracanes de los últimos años. Con la terminación de la actividad minera se perdió la cohesión social. Los gobiernos ricachones del PRD le hacen el feo y prefieren hacer obras en las ciudades con atracción turística. Santa Rosalía tiene potencial turístico pero se requiere imaginación y capital para habilitarla. Los americanos le encuentran cierto parecido con Nueva Orleáns.

    A mi padre
    blascota@prodigy.net.mx

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