Tuve el gustazo de conocer a este hombre genial que es Oyalep. Y mayor gusto de compartir gustos como el de escribir. No creí que encontraría alguien que pudiera abrirme las puertas a contribuir como él, pero heme aquí, por lo cual estoy eternamente agradecida.

Así que de vez en cuando (para no saturar) he de compartir algo de las maniacadas que suelo redactar. De nuevo gracias, Oyalep… sigo en deuda.

Y ahí va…

EL BESO DE LA PRINCESA

Cuando menos imaginas, el milagro que has esperado toda tu vida se puede cumplir y cambiar en un giro mortal y repentino el resto de tus días, tal como me pasó a mí.

Yo jamás lo hubiera imaginado pero… la princesa me besó.

¡Fue tan dulce, tan bello, tan tierno! Tomó mi faz entre sus gráciles manos y vi cerrar los dos luceros que lleva por ojos. Sus labios rosados comprimieron sus delicados pliegues para acercarse a mi piel y dedicarme los segundos más preciados de mi vida.

Por primera vez me sentí febrilmente extasiado y conmovido. Mi valor y mi frialdad se vencieron ante tal demostración de la bondad del ser humano y cayeron postrados a sus plantas, entregando mi devoción a su existencia por los días que me quedaran de vida.

Sentí como mi cuerpo se estremecía al contacto de ese beso cálido. Mis manos temblaron y en un derroche de pasión se posaron sobre sus manos para sentir la tersura de esa perfumada piel de durazno. Jamás en mis sueños más aventurados me imaginé que podría vivir una realidad como esa, ni conocer el paraíso que habría de disfrutar al roce de sus besos.

Ella llevó una de sus manos hacia el rostro, acarició esos carnosos labios y mirándome fijamente con esos ojos que no he de olvidar nunca, soltó mi faz, se dio la vuelta y se fue.

…Yo no era el sapo que se convertiría en príncipe.

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