Es curioso, pero mientras estaba viendo por milésima ocasión la película del Señor de los Anillos, me fijé en la fecha en que se estrenó. 2003, ya hace un tiempito, e inmediatamente pensé en la persona con la que fui a verla al cine, resulta que esa personita era mi amor en turno, y al decir en turno me refiero a que en ese momento de mi vida él era mi amorcito, por maniobras misteriosas en las que nos mueve la vida ya no estamos juntos. Muy de vez en cuando suelo recordar buenos momentos.

Estoy segura de que casi todos, en algún momento de la vida, tuvieron, tienen o tendrán una personita a su lado a la cual recordaran, pensaran o extrañaran, para bien o para mal. Pudiera ser el “primer amor”. Ese amor de manita sudada, que para muchos empieza en la secundaria. Ese amor tierno donde empiezas a esconderte de los papás. Donde tus amigos se vuelven tus “tapaderas”, y el único beso que obtienes es jugando a la semana inglesa.

También pudiera ser ese amor más madurito, en el cual ya involucras más a tu cuerpecito y a intercambiar fluidos (me refiero al beso con lengüita, ¡mal pensados!). En el cual recuerdas al primer hombre o mujer que te ayudó a dejar de ser señorita o a convertirte en hombre.

Pero hay amores que se vuelven parte de ti, aun y si hace años que desaparecieron físicamente de tu vida. Esos amores en los que sólo conviviste un par de meses o tal vez varios años, pero que al final de la relación se convierten como en una especie de peca en tu piel. Y lo comparo a una peca porque las pecas no hacen daño, es más, hasta llegan a ser agradables para los demás. Pero en cambio si se convierten en lunar se pueden volver cancerosos y hacer daño (yo y mis ejemplos). Hay otros amores que son como los tatuajes. Uno mismo los escoge para recordarlos o enfocarte en alguna etapa en donde fuiste feliz o de plano desafortunado en el amor.

Sin embargo, hay un pequeño porcentaje de la población, la cual corre con la fortuna de tener a su lado a la persona indicada para hacerla sonreír y de vez en cuando cantarle sus verdades. Si te consideras dentro de ese porcentaje, yo personalmente te felicito. Aunque muchos otros te envidiaran un poquito, porque yo creo, en mi muy humilde opinión, que todos en algún momento de la vida añoramos un abracito cariñoso, un beso sucio y seductor, una mirada coqueta, un momentito caliente mientras bailas con alguien agradable, o una buena plática con alguien que te haga reír.

No digo que el 100% de la población lo necesite, pero les aseguro que sólo los buenos recuerdos provienen de la gente a las que les regalamos un pedacito de nosotros, y sí esos recuerdos son de alguien a quien quisimos mucho, pues que mejor. Así los recuerdos podrán ser más sabrosos. El chiste de los recuerdos, es saber disfrutarlos y seguir adelante, no quedarse estancados en el “y si…”.

Disfruten de sus recuerdos sabrosamente, ya sea con una canción, una película o simplemente de la nada.

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