Queridos y Odiados Amarguetes, hace apenas un par de años no me hubiera imaginado defendiendo la cursilería. Les quiero dedicar unas palabras a mis amigos, y a todos aquellos, que creen que el Día del Amor y la Amistad es NADA MÁS un invento de la mercadotecnia para vender globos y pasteles.

Bueno, es cierto, en parte. Cada 14 de febrero se atiborran los restaurantes, dónde los cocineros te sirven un plato aderezado con envidia; tropiezas en cada esquina con vendedores de tarjetas que caducan al día siguiente; hay globos que irán a parar al último cajón del clóset, junto al peluche ñoño del año pasado; se lucen las sobrinas o las tías curiositas que saben adornar todo con papel china y listoncitos.

Qué decir de los adolescentes de novios besucones y de mano sudada, los ‘Te Amo’ y los ‘Siempre Estaremos Juntos’… bueno, es cierto. Enchina la piel, lo admito. Cuando yo pertenecía al mismo clan de los amargos, una amiga solterona levantaba su ‘caguama’ y juraba que el amor no existe.

“Es sicológico”, decía.

Y yo aplaudía apasionadamente a la diva amarga que entendía bien mi soledad. Lo haría otra vez, no dejo de tener todavía, orgullosamente, mi lado amargo. Hasta aquí estamos de acuerdo. Pero me enamoré. Sé que suena muy ‘juangabrielesco’, pero fue así, así fue. Me enamoré, y prostituí mi inspiradora amargura con una horrenda felicidad que me enterneció el corazón a puntos inimaginables. Y es que ser demasiado feliz no deja de tener sus inconvenientes. Esta felicidad no sirve para escribir tragedias. Por lo mismo tomo, fumo, y me pongo a oír ‘Miss Sarajevo’, para que me broten las lágrimas por las injusticias, y ya cargado de rencor, entonces sí, escribir.

Ahora que amo a mi pareja, las palabras melosas me salen con una espantosa naturalidad nunca antes imaginada. Lo siento, fue así, así fue. Parte de ser feliz es aceptarse uno mismo. Y sí, ya viejo, compruebo que tengo un lado cursi que me negaba a aceptar. Por eso, este 14 de febrero repetí muchas veces los ‘Te Amo’, y otras cosas que ya me borró la resaca de ayer. Llamé a mi mamá y hermanos y nos juramos amor; incluso escribí una poesía tan mamerta que me dio pena ajena por el borracho sin talento que la escribió.

“¡Qué bruto, mejor escribo la segunda parte de Muchachitas!” Le dije hoy en la mañana al bizco del espejo.

Y esto viene al tema porque ayer platicaba con un amigo que me decía, “¿Por qué tenía que ser día del amor para decir ‘Te Amo’?, ¿por qué iba a tener más o mejor sexo con su vieja nomás porque era 14 de febrero?”

Quiso arruinar mi festejo mega-cursi, y no me dejé. Le contesté, “Seguramente no regalas nada en Navidad, en Día de Las Madres o en cualquier cumpleaños, ¿verdad? Maldito Codo, ESAS también son fechas de mercadotecnia”.

Síntesis

Resulta que los que critican especialmente esta fecha, no critican OTRAS fechas en las que sí se suman gustosos, sin culpa ni remordimiento. Lo que pasa es que el Día de San Valentín Elizalde, como es tan cursi, se antoja destrozarlo. Lo entiendo, yo lo hacía, pero ahora estoy amando y siendo amado, y ya no se me antoja ser más un trágico, llorón, aburrido o criticón. Como andaba más borracho que sobrio, dejé la controversia por un lado. Le desee lo mejor a mi amigo.

No se crean, ser cursi da vergüenza, pero sí ya acepté otras cosas (y chance al rato pase corriendo por el boulevard, desnudo, envuelto en una bandera del arcoíris), por qué no aceptar que ME ENCANTAN LOS PRETEXTOS. Sí, soy cursi y ‘pretextoso’. Si mañana declaran el Día del Abrazo… ¡chingue su madre y nos damos abrazos! Y si luego dicen que es Día de las Paletas, pues comemos paletas.

Juro por mi madre que nunca pensé ser tan feliz, funcional, y borrego satisfecho con el sistema. Cuesta trabajo superar ese asco, pero ya no quise ser un borrego de clóset. Lo siento, fue así, así fue. Es más sencillo de lo que parece. Todos tenemos derechos a ser felices, lo que pasa es que muchos no lo saben o no lo usan. Así que, a su buena salud. Los quiero, aunque parezca lo contrario.

Y no soy Julio Esteban, aunque sí tocamos en la misma banda.

Le Modé.

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