Ahora los sábados son los días de fútbol, ya no los jueves. El primer equipo en meter dos goles gana. Acabábamos de perder, y tuvimos que salir para que entrara el equipo retador. La cancha de fútbol rápido tiene una pequeña puerta. No me fije quién fue el último en salir o el último en entrar, el caso es que no cerraron la puertita. Por lo tanto, obviamente, se puede salir la pelota.

Estaba ya sentado en las gradas, cuando me di cuenta de que un compañero de nuestro equipo se quedó a esperar nuestro turno para volver a jugar justo a un lado de la puerta. Me quedé analizando, esperando que cerrara la puertita, pero eso nunca sucedió. Los que se encontraban en la cancha estaban muy ocupados, y mi compañero no parecía que la fuera a cerrar en un futuro cercano.

¿A dónde demonios voy con esto? Hoy leí la editorial de El Universal, texto enviado por mi amigo Modesto. No es modesto, así se llama. Habla sobre la, ya por demás sonada, celebración del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución. Este artículo me hizo recordar la escena del fútbol.

Es por actitudes como la de mi compañero por las que este país está como está. Indiferencia, desinterés y apatía. Cómo él no estaba jugando, que le importaba si se salía la pelota de la cancha. Esto, aunque lo único que se requería era extender su brazo izquierdo para cerrar la bendita puerta. Eso sí, si él hubiera estado en la cancha, o cierra la puerta él mismo, o pide de inmediato que alguien la cierre. Claro ejemplo de la idiosincrasia mexicana.

Tengo ya más de un año repitiéndome, y externándolo cuando se puede, que este país necesita otra revolución, y que mejor año que uno que acabe en 10. La historia nos respalda, nos gusta ese número. Así es, necesitamos una revolución, pero no armada, esa ya probó ser ineficiente. Necesitamos una revolución de pensamiento. Necesitamos cambiar la manera en que somos educados. Cambiar nuestra idiosincrasia y cultura, que son las que nos tiene tan jodidos.

Este país necesita despertar. La gente necesita participar. Dejar de quejarse en voz baja, y escudarse en la estúpida excusa de “no tiene caso, de todas maneras seguimos igual”. ¿Para qué voto, si ganan los mismos? Si todos son iguales. Estamos educados por la televisión. No leemos, y lo poco que leemos lo tomamos como verdad absoluta. Sin cuestionar. Sin forjar nuestra propia opinión. La religión es otra cosa que nos tiene jodidos, pero no entraré en detalles porque habrá más ofendidos.

La no participación es lo peor que podemos hacer. Hay que conocer, aprender, analizar, pensar, discernir, criticar, debatir… y entonces participar. Vivimos un momento histórico. El 200 aniversario de una justa independentista que comenzó con buenas intenciones, pero terminó con la Suprema Corte de Justicia fallando a favor del IETU.

Soy un ferviente creyente de las instituciones, los partidos y la democracia, pero me purgan todas las porquerías que se hacen en ellas. Pero no es culpa de ellos, si no de nosotros que los dejamos. La inseguridad no creció porque Fox se casó con Martita, o porque Calderón es chaparro, ni porque López Obrador no ganó, no olvidemos de 75 años de partidocracia. No ignoremos que nosotros los dejamos. No hay mucho que festejar este año, pero sí mucho trabajo que hacer.

Si les interesa un poquito, tan sólo un poquito, lean aquí la editorial que les comento. Sin embargo, si mis palabras los ofenden de alguna manera, mejor ni se molesten, porque ese texto los ofenderá más.

Evito los temas políticos lo más que puedo, ya que este blog no es sobre política, si no sobre ocio y entretenimiento, pero soy un ente político, y en lo personal la política me apasiona y me entretiene, así que con esa excusa se cuela como ocio. Además es mi blog. Jajajaja.

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