A mediados de los 80’s se transmitía una excelente versión animada de la aclamada historia de Mark Twain, Las Aventuras de Tom Sawyer. La historia se desarrolla en Saint Petersburg, Missouri, en las orillas del Rio Mississippi. Una joya para niños y adultos. Aquellos nacidos a finales de los 70’s o principios de los 80’s crecimos viendo esta caricatura, y la recordamos con nostalgia.

Recuerdo a detalle el capítulo dónde Tom Sawyer tiene que pintar una cerca. Astuto, como siempre, consigue que todo el que vaya pasando por ahí, deba o desee pintar, y de esa manera, con la ayuda de muchos, logra finalizar el trabajo, sin que él haya mucho esfuerzo.

En lo personal me encanta pintar. Brocha gorda. Recuerdo que fue a finales de enero del 2001 cuando decidí que era momento de pintar mi cueva. En una charla en la universidad, comentando con mis amigos lo que planeaba hacer, Ricardo se ofreció a ayudarme a pintar. No pude evitar recordar ese capítulo de la serie animada de Tom Sawyer.

Llegada la fecha, Ricardo llegó puntual, preparado para ayudar. Para cuando él llegó, yo ya había movido y cubierto los muebles, y me encontraba preparando la pintura. Fue justo antes de empezar, cuando Ricardo sugirió una Ballena Pacífico. Le presté un envase y fue a comprar la cerveza en la tiendita de la esquina, a unas 2 cuadras de distancia.

Como ya estaba todo listo, decidí empezar, en lo que Ricardo regresaba a ayudarme. A su regreso, Ballena, propiamente cubierta de periódico, en mano, se puso a seleccionar la música que serviría de soundtrack del día. Yo seguí pintando. En breve, me di cuenta de que mi ayudante no se parecía en nada a los personajes que ayudaron a Tom Sawyer a pintar la cerca.
Vaciándose la Ballena, inmediatamente Ricardo se proponía como candidato para ir por la siguiente. Así transcurrió el día, yo pintando, Ricardo ayudándome como proveedor musical y de bebidas.

Dado que yo pasé más tiempo en la escalera pintando, bebía considerablemente menos cerveza que mi ayudante. Ricardo, para el atardecer, ya estaba fumigado, y yo terminé pintando solito mi cueva. No me quejo. Su administración musical, amena platica, y bebidas refrescantes amenizaron mi trabajo.

Seguramente Tom Sawyer estaría muy decepcionado de mi ayudante. Veo que tengo mucho que aprenderle al señorito Sawyer. Aún así, cada vez que tengo que pintar, por decisión u obligación, recuerdo ese día, a mi ayudante, y su imprescindible aportación.

Aquí un extracto del capítulo.

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