Antes todo era mejor. Es lo que siempre se dice y se escucha decir. En mis tiempos había esto. No se hacía lo otro. “Antes todo era mejor,” perspectiva muy personal de cada individuo. Ésta percepción es, sin duda, generacional. Cada 20 años, en promedio, se crea un puente generacional que separa épocas. Y por lo tanto, maneras de ser y pensar. En lo particular comparto el sentir general. En mis tiempos era mejor.

Yo de chamaco
Yo de chamaco

Mi infancia fue una etapa excelente. Etapa llena de descubrimientos. Aprendizaje diario. Etapa donde se empieza a forjar el ser humano que se será. Etapa de Juego, juguetes, amigos, escuela básica. A pesar de que de muy pequeño comencé a trabajar, son buenos recuerdos, y elementos que me formaron como la persona que ahora soy. Incluso programas de radio o televisión forman parte de los “mejores tiempos.” Al igual que la actual tecnología, avanzando tan rápidamente, y que en el futuro veremos hacía atrás con nostalgia. Si no es que lo hacemos ya.

Lo mismo pasa con la adolescencia y juventud. Donde conocí al primer gran amor de mi vida. Luego vino el segundo gran amor de mi vida. El tercero…

Años de formación educativa media superior y superior. Elección de carrera profesional o profesión. Para algunos, tal vez hijos, y hasta matrimonio. Para otros, una búsqueda constante, e interminable, del éxito, tanto profesional, como personal, y sentimental. No importa el camino escogido, en “mis tiempos” siempre será mejor. Y no cabe duda de ello, ya que son los tiempos que me tocó vivir.

La edad adulta, etapa actual de mi vida. Etapa que también será vista con gusto, e inevitablemente nostalgia, conforme se acerque el invierno y ocaso de mi vida. Formación de la familia, hijos, o creación y desarrollo de un negocio, afianzamiento de la vida profesional. Incluso, por qué no, establecimiento de las bases para llegar a una tercera edad sin incertidumbres.

Será en la vejez cuando veamos con nostalgia hacía al pasado, e inevitablemente, se compare con el presente, pronunciando, sin dudar, que en nuestros tiempos era mejor. Algunos retirados disfrutando de sus años dorados. Disfrutando los frutos de una vida de duro y arduo trabajo, o haciendo lo que siempre deseamos, y nunca tuvimos tiempo de hacer. Otros aún trabajando, por gusto o necesidad. Una etapa de la vida que aún no me toca vivir, sin embargo la veo a mi alrededor, en familiares y amigos. Antesala de la muerte, pero con sus propios encantos. Digna de vivirse y disfrutarse a plenitud.

Todo esto, en conjunto, resulta en una serie de etapas en las que se podría dividir la vida de un individuo promedio. Etapas que al vivirlas, las recordamos con nostalgia. No importa si ahora se tienen 70 años, en sus tiempos todo era mejor. Se podrán tener 50, y también sus tiempos fueron mejores. Ó tener 30 años, en los cuales, pienso que antes todo era mejor, pero sin dejar de disfrutar el presente. También los que ahora tienen 10 años, en 20 ó 40 años pensarán lo mismo.

No importa la longitud de la vida de cada quien. No todos tienen la fortuna de vivir todas las etapas, o de vivirlas al máximo. No obstante, la vida es una aventura que vale la pena experimentar. Con sus buenos y malos momentos. Con sus mieles y sinsabores. Está en cada quien hacer que valga la pena tantos malos ratos y, que éstos, sean superados por los buenos momentos. Haciendo que el presente, en un futuro, sea parte de los “mejores tiempos” de su vida.

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