Oyalep

Mi compa Kelly


Fue un 17 de diciembre de 2007, cuando muy temprano por la mañana Esteban y yo aterrizamos en San Diego. Johnny, mi compadre mexicoamericano, y Robert, libanés-americano, nos esperaban en el aeropuerto. Tras dar varias vueltas en San Diego buscando hospedaje accesible, por no decir para pobres, terminamos yendo a Chula Vista. San Diego es la onda, pero caro.

Una vez instalados en el Days Inn de Chulavista, nos dimos una remozadita, y nos lanzamos de regreso a San Diego, para buscar cotorreo. Primero anduvimos deambulando por un par de malls. Window-Shopping. Algo de comer.

Caída la noche, nos dirigimos a la zona de discos y bares. Nos estacionamos al inicio de la 5ta Avenida, la calle principal, y empezamos a caminar buscando trinchera para nuestra parranda.

“Muy fresa. Muy nice. Muy oscuro. Muy elegante. Muy solo. Muy feo.” Fueron los comentarios al ir pasando lugares. En una esquina nos llamó la atención un lugar en particular, por el nombre, “The Bitter End”, y por su anuncio en la puerta, “Rock Hard Karaoke!”

“¿Aquí?” fue la pregunta.

“Seh, vamos entrando aquí.”

El lugar era la onda. De los mejores del rancho. 3 niveles. Un nivel central, el bar principal. Tradicional, con su barra enorme, mesa de billar, mesas adicionales, nada del otro mundo, pero muy agradable. Un segundo piso, lounge, DJ, especial para el bailongo y el desgreñe. Y por supuesto, un nivel underground.

Antes de descender a las infernales profundidades del bar subterráneo, ¡el mamón!, jugamos un rato billar, en lo que llegaba más gente. Estaba un poco solo.

Al bajar, la gente aún estaba apagada, y nadie se animaba a abrir la noche karaoke. Hasta que Robert y Johnny, al modo, escogieron las primeras dos rolas y le entraron al micro. Sobra mencionar que cantaron para la chingada, pero prendieron el ambiente. Obvio, para no dejarlos abajo, les hice segunda, berreando la de Iron Man, de Black Sabbath. Igual, supongo que no tengo que decir que canté de la fregada.

En una de esas, Robert estaba platicando con un jovenzuelo, de saco, elegante, simpaticón el tipo. Ya en el cotorreo, nos contó que el señorito era el dueño del bar. Nos invitó unos tragos, caballitos de Tequila Don Julio, y cheves. Muy a toda madre. Todo porque fuimos los primeros en inaugurar las noche de karaoke rock. ¡Era la primera vez que lo hacían!

Hasta vamos bien, nada del otro mundo. Entrados en pláticas, nos comentó que acababa de estar en Cabo, con su prometida, Playboy Girl, una de las trillizas. ¡Esto va mejorando!

Esteban, que trabaja en Alaska Airlines, por queda-bien, hizo un oso. Le preguntó a Michael, ¡ah! Porque se llama Michael, que si por qué aerolínea volaba. Le presumió que él trabajaba en Alaska Airlines y le podía conseguir descuentos. El Sr. Kelly, así se apellida mi compa, se mostró un poco incomodo, y como pudo, tratando de no herir los sentimientos de Estebancito, le dijo que no usaba ninguna aerolínea, él volaba en su propio jet privado.

¡A huevo Esteban! Jajajajajaja. La mera cura. Pura carrilla de la buena, por supuesto.

Superado ese chascarrillo. Robert, regresando del baño nos dice, “me agarró el seguridad de las escaleras y me preguntó que si sabíamos con quien estábamos,” empezó a contar. Con Michael Kelly.” Le respondió valiente.

“¿Pero sabes quién es él? Preguntó insistente el tipo de seguridad.

“Pues el dueño del bar, ¿no?” contestó Robert perdiendo la paciencia.

A lo que el seguridad dijo, “no sólo eso, él es dueño de tal y tal hotel, de tal y cual bar y disco, y dueño de medio San Diego.”

Bonita chingadera. No sólo estábamos pisteando con el dueño del lugar, si no el muchacho era un Playboy, multimillonario del rancho. Pues el tipo encantado con nosotros. Primero, no sabíamos quién era, por lo que lo tratábamos como un igual. Cansado de que todo mundo le hiciera la barba, él divertido con los 2 paceñitos y los 2 importados. Así que todos la pasamos muy a toda madre. Él invitando los tragos, nosotros haciéndole la noche al huey.

Así pasó la noche, entre risas, tragos, karaoke rock, y fotos. Fotos que, por cierto, nos tomó su prometida, la Chica Playboy. ¿A cuántos de ustedes les ha tomado una foto una Chica Playboy? Generalmente es al revés. Nosotros fascinados. Además, por ahí andaba otra Chica Playboy, a la que tuve el valor de pedirle una foto.

Una noche divertida. Sana, a pesar del alcohol y las Chicas Playboy. Improvisada. Una aventura que nunca se repetirá. Un recuerdo más al baúl de buenos momentos. Hoy hace dos años de eso. Veo las fotos, recuerdo, y sonrío. Habrá que volver a The Bitter End, con suerte y nos topamos con nuestro compa Kelly.

Las Trillizas Dahm

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11 replies »

  1. ¡orale! 😀
    definitivamente mi imaginación se quedó corta cuando armé mi propio escenario de el cómo fue que terminó usté con chicas playboy.
    que chido mi pelayo, ¡que chido!

    • La neta, las morras no estaban TAN chidas, ni bonitas, ni buenotas, pero al enterarte que no son simples mortales (jajajajaja), si no playmates, sí las ves diferentes. Jejejeje.

      Y pues que una playmate te tome una foto… NO TIENE PRECIO!

    • Sip, la neta hay muchas que contar. Pero no siempre hay tiempo pa’ escribirlas. Jejejeje.

      El lunes sale ya tu serie! POR FIN!!!! Jejejeje.

      Saludos!

      • OYE SE ME OLVIDABA EL ENFERMAN!!! tenia que haber sido el, nadie mas en el mundo hace tales burradas!!! hahahaha saludines enferman!!

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