Cada que alguien me detiene a curiosear mis tatuajes invariablemente me preguntan: ¿no tienes problema con el trabajo?

Según la Ley Federal de Trabajo de la República Mexicana dice que a nadie se le puede negar trabajo lícito remunerado, sin importar su credo, condición social, religión o preferencias políticas. Entonces, me pregunto yo, ¿por qué no vemos tatuados (visibles) en las empresas, licenciados con argollas o piercings? De hecho, ¿por qué no hay tantos chaparritos, morenitos, feitos y sin gracia (también aplicado al sexo femenino) que estén preparados para un puesto?

Una amiga mía estaba platicando hace unos meses que donde ella trabaja abrieron vacantes, solicitaban carrera trunca o terminada, sexo femenino, solteras y excelente presentación. Se presentaron bastantes candidatas, de las cuales, al parecer, sólo escogieron a las más guapas, altas, delgadas y con buena pechuga. ¿Y las que estaban preparadas para el puesto?  Bien, gracias.

No digo que el físico esté peleado con el intelecto, y a su vez con la eficiencia, pero ¡vamos! Sabemos que esto sucede.

Las empresas, por su parte, tienen estipulado en reglamentos la forma en que se deben escoger las personas para cada puesto, incluso hay empresas que se rigen estrictamente por la apariencia. O sea, no queremos ver una edecán de la Tecate con doble llanta. O una sobrecargo con sobrepeso. Pero ¿qué tiene que ver archivar documentos con un buen par de piernas o de pechos? Sólo puedo imaginarme que el jefe es un macho libidinoso que le gusta acosar niñas pasantes.

No sé, todo esto fue un pensamiento por escrito. Afortunadamente nunca tuve ese problema y ahora que trabajo tatuando, menos. Pero cada que llega alguien al local y me pide un tatuaje visible siempre pregunto ¿no tienes problema con el trabajo?

Finanzas, Recursos Humanos y Depto Jurídico.
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