ImgArticulo_T1_64971_200999_150049El día de hoy recibo una llamada de mi honorable progenitora a mi centro de trabajo (una de tantas llamadas al día…), sólo para decirme que estaba saliendo en las noticias lo nunca antes visto en México: un avión de Aeroméxico estaba siendo secuestrado en esos momentos por un grupo de bolivianos que pedían hablar con el presidente Calderón.

Obviamente corrí la voz entre mis compañeros (co-mu-ni-ca-ti-va, chismosa ¡jamás!). No se dejaron esperar los comentarios: “¡No puede ser!”, “Ya no podemos estar tranquilos…”,”Si eso no pasaba en México…”, entre otros.

Y obviamente, nuestra atención se distrajo del trabajo (ehem…) a buscar en internet alguna página que nos mostrara en vivo lo que estaba sucediendo.FUERZAS_--300x180

Así fue como nos dimos cuenta de que ¡oh, sorpresa! la Policía Federal Preventiva intervino mediante un comando que ingresó por la parte trasera de la aeronave cuando los secuestradores todavía estaban al mando de la situación, y rescató a los 104 pasajeros y a la tripulación en la operación más limpia de la historia.

Sí, así es. Ni 10 minutos nos duró el show… ¡Qué Rambo, ni qué Schwarzenegger! Estos dos le hacen los mandados a nuestra PFP.

Inmediatamente comenzaron las reacciones en este sagrado recinto laboral: “¡Naaaaaaahh, esto fue arreglado…! “, “¡Seguro que lo hicieron para que no nos fijáramos en el aumento de impuestos!”, etc.

58890_gd¿Será posible? ¿Tanto nos han traumado historias como la del Chupacabras o la Influenza?

Confieso que me sorprendieron los siguientes hechos:

1. No creemos en la capacidad de quienes están asignados a cuidarnos.

2. La desconfianza en nuestros gobernantes y sus colaboradores ha alcanzado niveles insospechados.

3. Me caché a mi misma pensando que esto bien podría ser una cortina de humo orquestada desde arriba para distraer la atención pública, en vez de alegrarme por los infelices “secuestrados” rescatados.

¿Opiniones?

P.D. Por si fuera poco, se cayó el internet y el servicio celular (al menos de Telcel) no responde… ¡¿qué sigue?! Ahh, ya sé qué sucede: ¡la maldición del 9-9-9!

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