38097_641776680_inodoro-1_H055355_LEl gran secreto de todas las mujeres respecto a los baños es que de chiquitas sus mamás las llevaban al baño. Les enseñaban a limpiar la tabla del inodoro con papel higiénico y luego ponía tiras de papel cuidadosamente en el perímetro de la taza.

Finalmente instruía: “Nunca, nunca te sientes en un baño público”. Y luego mostraba ‘la posición’ de karateca, la cual consiste en balancearte sobre el inodoro. Una posición de sentarse sin que tu cuerpo haga contacto con la taza.

‘La Posición’ es una de las primeras lecciones de vida de una niña, súper importante y necesaria. Nos ha de acompañar durante el resto de nuestra ‘miona’ vida. Pero aún hoy, en nuestros años adultos, ‘la posición’ es dolorosamente difícil de mantener cuando tu vejiga está hasta la madre y a punto de reventar.

Cuando TIENES que ir a un baño público, te encuentras con una cola de mujeres que te hace pensar que dentro está Brad Pitt. Así que te resignas a esperar, sonriendo hipócritamente a las demás mujeres que también están discretamente cruzando piernas, brazos y apretando el higo, en la posición oficial de “me estoy miando pendejas”.

Finalmente te toca a ti, claro, si no llega la típica mamá con ‘la nenita que no se puede aguantar más’. Entonces verificas cada cubículo por debajo para ver si no hay piernas. ¡¡¡¡¡Todos están ocupados!!!!!

Finalmente uno se abre y te lanzas, casi tirando a la persona que va saliendo. Entras y te das cuenta de que el cabrón picaporte no funciona (nunca funciona). No importa, al fin llegaste y estás ahí. Cuelgas el bolso del gancho que hay en la puerta, y si no hay gancho (nunca hay gancho), inspeccionas la zona, el suelo está lleno de pinche porquería y de líquidos indefinidos y no te atreves a dejarlo ahí. Así que te lo cuelgas del cuello (tipo San Bernardo) mientras miras como se balancea debajo tuyo, sin contar que te desnuca la correa, porque el bolso está lleno de chingaderitas que fuiste metiendo dentro, poco a poco, la mayoría de las cuales no usas, pero que las tienes por si acaso. ¡¡¡ah!!!
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Pero volviendo a la puerta, como no tenía picaporte, la única opción es sostenerla con una mano, mientras que con la otra de un tirón te bajas los calzones y te pones en “la posición de ranita saltando las vías”. ¡¡¡Uffff, qué alivio, aaahhhhhh !!!, por fin. Ahí es cuando tus muslos empiezan a temblar porque estás suspendida en el aire, con las piernas flexionadas, los calzones cortándote la circulación de los muslos, el brazo extendido haciendo fuerza contra la puerta y un bolso de 5 kg colgando de tu pinche cuello.

Te encantaría sentarte, pero no tuviste tiempo de limpiar la taza ni la cubriste con papel, interiormente crees que no pasaría nada pero la voz de tu madre retumba en tu cabeza “¡¡¡jamás te sientes en un inodoro público!!!”, así que te quedas en la “posición de Chivito al Precipicio”, con el tembeleque de las pinches piernas. Y por un fallo de cálculo en las distancias ¡¡¡Una salpicada finíííííísima del chorro de miados te salpica y te moja hasta las medias!!! Con suerte no te mojas tus propios zapatos, y es que adoptar ‘la posición’ requiere una puta concentración.

Para alejar de tu mente esa desgracia, buscas el rollo de papel higiénico peeero, ¡¡¡nooo hayyyyyy!!! El rollo está vacío (siempre), ¡¡¡ chingada, me lleva…  Entonces suplicas al cielo que entre los 5 kilos de cachivaches que llevas en el bolso haya un miserable Kleenex, pero para buscar en tu bolso hay que soltar la pinche puerta, dudas un momento, pero no hay más remedio.bano

En cuanto sueltas la puerta, alguien la empuja y tienes que frenar con un movimiento rápido y brusco, mientras gritas ¡¡¡OCUPAAADOOOO!!! Ahí das por hecho que todas las pendejas mionas que esperan en el exterior escucharon tu mensaje y ya puedes soltar la puerta sin miedo. Nadie intentará abrirla de nuevo (en eso las mujeres nos respetamos mucho). Sin contar el garrón del portazo, el desnuque con la correa del bolso, el sudor que corre por tu frente, la salpicada del chorro en las piernas y de pilón el pedo que se te salió por el esfuerzo al agacharte.

El recuerdo de tu mamá que estaría avergonzadísima si te viera así; porque su trasero nunca tocó el asiento de un baño público, porque francamente, “Tú, no sabes qué enfermedades podrías agarrarte ahí”.

Estás exhausta, cuando te paras ya no sientes las piernas, te acomodas la ropa rapidísimo y tiras de la palanca con el pinche pie. Entonces vas al lavamanos. Todo esta lleno de agua, así que no puedes soltar el bolso ni un segundo, te lo cuelgas al hombro, no sabes cómo funciona la puta llave con los sensores automáticos, así que tocas hasta que sale un chorrito de agua fresca, y consigues jabón, te lavas en una posición de “Jorobado de Notredame” para que no se resbale el bolso y quede abajo del chorro.

El secador ni lo usas, es un momento ya inútil, así que terminas secándote las manos en tus propias nalgas, porque no piensas gastar tu Kleenex para eso. Entonces por fin sales. En este momento ves a tu chico que entró y salió del baño de hombres y encima le quedó tiempo de sobra para leer la sección de deportes y el clasificado del diario citadino, mientras te esperaba.

instrucciones“¿Por qué tardaste…tanto?” pregunta el muuuy estúpido. “¡¡¡Había mucha cola!!!” te limitas a decir.

Y ésta es la cabrona razón, por la que las mujeres vamos en grupo al baño, por solidaridad, ya que una te aguanta el bolso y el abrigo, la otra te sujeta la puerta, otra te pasa el Kleenex por debajo de la puerta y así es mucho más sencillo y rápido, así sólo tienes que concentrarte en mantener ‘la posición’ y sobretodo la puta dignidad.

Pelayo dice: Hace tiempo me llegó este correo y me pareció extremadamente gracioso. No me canso de leerlo. Cada vez es más gracioso. Con un poco de imaginación se puede visualizar a la chica de tu preferencia pasando por esta situación. Desde entonces, cada vez que veo a una mujer salir de un baño público no puedo evitar recordar este correo, sonreír internamente y solidarizarme con ella.

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