Oyalep

Salada


Yo creo fervientemente en el Karma. Todo lo malo que haces, se regresa. Como soy una persona más bien pesimista, pues se me da eso de pensar –algunas veces- que algo va a salir mal, aunque todo esté saliendo bien.

No sé si sea por designio divino o por causas del destino, de alguna manera cruel, algo malo pasa. No importa cuanto bien pueda hacer, ni cuantas veces seda el paso a los peatones, o dejar el paso a un vehículo, ni sonreírle al que me mentó la madre; o simplemente tener pensamientos positivos durante el día. No, conmigo eso no funciona.

Bien escribieron las leyes de Murphy y en todas ellas me reflejé, más en la primera ley: si algo puede salir mal, saldrá mal. Que atinado para alguien como yo.

La primera vez que decidí viajar sola, fue a la Ciudad de México. Un día soleado de junio hablé a la agencia de viajes de una amiga, quien amablemente me dio las tarifas más económicas respecto a los días que yo quería viajar. Me fijó una moderada cuota y me preguntó si deseaba hacer la reservación. Le dije que no, que en ese momento no contaba con todo el dinero. En dos días más compraría mi boleto.

Así lo hice, dos días después, llegué a su agencia con mi modosita cantidad de dinero y me encuentro con la sorpresa que los boletos incrementaron su costo hasta el 100%. Ahí fue cuando debí darme cuenta que esta era una señal y que no tenía que comprar los boletos para mi tan ansiado viaje a la Ciudad de México. Pero en un arranque de valentía me dije en voz quedita “Mar, es ahora o hasta el otro año”. Y pues que compro el boleto de viaje redondo para ir a la Expo de tatuajes.

Todavía no creía que las cosas estaban saliendo medianamente bien. Por lo general me hago una mini película negativa en la que veo mis intenciones frustrarse por cosas tan bobas como el clima, una equivocación en las letras de mi nombre o cualquier mensada por el estilo. Pero esta vez parecía que todo marchaba bien, tenía mi reservación bien guardada en la bolsa y no me latía el corazón de manera nerviosa (es que cada vez que planeo algo me pongo tan nerviosa, pensando que no ocurrirá, que me late el corazón de una manera muy particular).

Llegó el tan ansiado día. Todo tranquilo, no estaba nublado, no había pinchaduras prematuras de las llantas del carro en el que me llevarían al aeropuerto, no me dolía la cabeza; o sea, no había NADA que me detuviera para disfrutar mis pequeñas vacaciones.

Llegamos al aeropuerto, dos horas antes como dicen las instrucciones. Saqué de mi bolsa mi identificación y mi reservación. Me paré en el mostrador de la aerolínea, la señorita tomó mis documentos, los cotejó con una lista y no aparecía mi nombre. Tres vueltas a las cuatro hojas llena de números y apellidos y nada. Esta era la señal inequívoca que tenia que quedarme en mi casa. Que no pretendiera salir a ningún lado porque me estaban destinadas las cosas más horribles que puede pasarle a un ser humano.

Empecé a sentir que la cara se me calentaba, que las manos me sudaban y que mi corazón latía de nervios… hasta que me vi en la primer hoja. Sí, ahí estaba mi nombre en mayúsculas y con todas sus vocales. Le dije a la señorita “ahí estoy hija” y después de un aaahh! me preguntó si deseaba ventana o pasillo y obvio que quise ventana. Me dio mi pase y con una gran sonrisa me dijo “el avión tiene tres horas de retrazo, en la sala de espera estamos reuniendo a los pasajeros, para que les den de cenar.”

El avión salía a las 6:00 p.m. y llegaba a las 9 de la noche, hora de la Ciudad de México, con el retraso llegaríamos a la ¡1 de la madrugada!) Me quedé helada, con el brazo extendido recibiendo mi pase de abordar y ella simplemente desvió su mirada al pobre incauto que estaba formado detrás de mí para informarle lo mismo.

No quiero dar más pormenores pero aquí van unos puntos respecto a otra ley de Murphy: cuando pienses que las cosas ya no pueden salir mal, estarán peor.

1. En ese rato traspapelaron y perdieron mi boleto de regreso. No tengo que decir que me le pegué como chicle a un pobre wey que trabaja en la aerolínea para que no me fuera a dejar colgada.
2. No llevaba ni laptop, ni libro para la espera.
3. Le hable a mi amigo que me recibiría en México explicándole la situación y me dijo que no podría pasar tan tarde por mí.
4. Se rió de mí durante 5 minutos por esa broma.
5. La ventanilla que me tocó en el avión era la que da a la turbina. Todos los que han visto películas de terror, SABEN que los primeros que se mueren en un avionazo son los que van ¡¡¡al lado de las turbinas!!!
6. Ya no tenía crédito en el celular después de avisarle a mi amigo; lo digo por aquello de las emergencias.
7. Me tocó ver una espectacular (y espeluznante) tormenta de rayos.

avionazo

Epílogo: De regreso ya todo estuvo un poco más ligerito. Aún así, pasaron varias cosas extrañas cuando estuve en aquellos lugares. Mis amigos sólo podían reírse de lo sucedido y cada vez que algo no encajaba o salía mal yo decía: “es que yo estoy aquí, acuérdate que yo soy la salada.”

Me iré a hacer una limpia a Todos Santos. Lo prometo.

No olviden visitar el Blog de Mar Fatale, Soborna. Un ceviche ideológico visual.

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10 replies »

  1. es cierto, sigue escribiendo Mar. por cierto, a mi hermano R siempre le pasan esas cosas cuando viaja. siempre siempre. pobre. pobre de los dos. mi mayor temor al momento de los viajes es que esté nevando en la rumorosa y no me dejen pasar a Tijuana (que es de donde tomo siempre mis aviones). nunca ha pasado.

  2. @pelayo: lo haré compadre,lo haré.

    @xex: ah es horrible que todo lo que sale mal no lo puedas controlar. eso de los retrazos son horribles, pero mas lo es los contratiempos climaticos. esperemos no suceda ere.
    saludos!

  3. …a las quinientas ando leyendo este post, jaja…
    … marfatal, algun dia te voy a contar tooooodo lo que me ha pasado a mi viajando, pero te voy a enumerar rapidito…

    1. retrasos de hasta 12 horas en el aeropuerto de mexico, en 23 de diciembre, de noche/madrugada, sin sueter, 4 maletas, 2 niños, y ni un bocado de comida ni una gota de agua.
    2. eso de los retrasos, generalizalo a que para mi, un retraso de 2 horas no es nada, con llegar el mismo dia que se supone que debo llegar, ya es exitoso.
    3. perdida de vuelos de conexion por culpa de negligencia de la aerolinea.
    4. aerolinea clausurada a mitad de mi viaje= viaje interrumpido, quedandome yo varada sola en la cd, de mexico, a los 16.
    5. robo de cartera en el aeropuerto con los boletos de regreso.
    6. extravio de equipaje por la aerolinea.
    7. acoso de lunatico que piensa que los vuelos son para ligar a la vecina de asiento, que esta muy ocupada aferrandose a sus lentes oscuros y atascandose de jugo de tomate para rebajarse la resaca de la “fiesta de despedida”.
    8. niño mareado a punto de vomitar en el asiento de al lado, y la mama, ni sus luces.
    9. me han maltratado equipaje y roto maletas.
    10. lo de las tormentas, tmb me ha pasado.

    pero curiosamente, sigo sin tomar negativamente eso de viajar, aunque pa saladas, yo… pensandolo bien, cuando vayas a Todos Santos, me avisas donde te hiciste la limpia y cuanto te costo?

    jajaja…
    saludos

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