Nunca había ido a una Expo Tatuaje. Por falta de dinero la mayoría de las veces. Pero el patrón patrocinó la mitad de mi boleto de avión y con una feriecita más, terminé por planear mi viaje a la Ciudad de México.

Un gran amigo mío (gracias Memo) y su mujer me acogieron en su agradable depa por tres días.

El evento inició con dos días de seminario para tatuadores, a los cuales no llegué –y por lo que me dijeron después- no estuvieron muy profesionales. El evento para mí sería para enlazarme con distribuidores de materiales para tatuar, ya que solo tengo un distribuidor y es por Internet. Así que vería la calidad de los productos así como su diversidad y costo. Esta era la idea principal de mi viaje, pero también era para ver a mi amigo, que tenía más de 10 años de no verlo, y además, ver a mi maestro del tatuaje Pablo Xno.  Trabajar como sólo él lo hace.Pablo Xno

Después de registrarme y pagar la cuota de 70 pesos, entré a una mediana bodega en el World Trade Center, donde había poca gente. Pensé que por ser sábado y tan temprano – llegué a eso de las 2 de la tarde- no habría tanta gente, si no pasada las 6 ó 7 de la tarde.

Di una vuelta por los ‘stands’ de las orillas, luego por los del centro y sólo me detuve en un par para ver los trabajos que llamaron mi atención. Los tatuadores muy profesionales atendían a la gente con cortesía y les explicaban los cuidados de los tatuajes y las perforaciones, haciéndoles sentir que valía la pena andar de preguntones.

Lo que más me gustó ese día es que me pedían fotos. Se me hizo lo más raro ser una ‘rockstar’ por un rato, porque nunca llamo la atención tanto como para que me pidan fotografiarme. Me daba risa y pena al mismo tiempo. Me sentía rara entre las raras. La verdad, fue rico que me hicieran preguntas muy atinadas y sin faltar al respeto.

Una de las preguntas que me gustó fue: “¿Crees que para tatuarse, las personas tienen que ser de determinada manera?” Lo que contesté fue simple: “Si el trabajo que se hacen, es bueno, lo demás no tiene importancia.”

En la expo hubo de todo, buenos, regulares y mmmmm… sin comentarios. Me gustó la diversidad de gente que no tenía tatuajes y se fue a informar para animarse, y los que estaban rayados, los exponían con orgullo.

El segundo día fue mas o menos lo mismo, pero se veía más gente. Lo único que lamenté es que no había tantos distribuidores como tenía pensado que habría, a lo mucho eran tres, y estaban muy por arriba de mi presupuesto, además no tenían mucho material disponible.

Otra cosa que llamó mi atención era lo costoso de los tatuajes. Un tribal de no mas de cuatro dedos lo estaban cotizando en ¡900 pesos! Un dineral si se toma en cuenta que yo ese trabajo lo dejaría en 300 pesos.

De todas formas fue una buena experiencia que repetiré el próximo año, pero ahora en Monterrey, N.L.

Mi maestro Pablo iba con todo y estaba tatuando a una chava en el muslo, a lo que pude ver estaba fenomenal el trabajo en color. El estaba en el ‘stand’ de Infierno Tatuajes, de los cuales me traje una tarjeta, para en el futuro irlo a visitar cuando regrese a otra Expo a la Ciudad de México.

No olviden visitar el Blog de Mar Fatale, Soborna. Un ceviche ideológico visual.

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