Oyalep

¡Y mucho ojo, eh!


Alrededor de mis 5-6 años, repetían en el Canal Dos varios spots acerca de cuidar nuestra integridad como niños. ¿Quién no recuerda el “y mucho ojo, ¿eh? Así se hace, recuerda, tú vales mucho y mereces respeto…”. ¡Qué cosas!

Yo me acuerdo que una ocasión mis papás no estaban en la casa. Tendría 10 años. Sonó el teléfono como a las 8 de la noche y yo era la que estaba mas cerca para contestar:

-¿Bueno?
-Hola nena. ¿Está tu papi o tu mami?
-No, no están. Si quiere hable más al rato cuando lleguen.
-No mira, quiero hacerte una pregunta.
-Pero es que mi mamá no está.
-No importa, prefiero que tú me contestes. Mira pon atención. Yo soy un doctor y estoy previniendo a las niñas bonitas como tú de una enfermedad….

Créanme, el monologo continuó unos minutos más pero parecieron días completos en ese momento. Lo que sigue, por prudencia y por no generarles morbo, fue (hasta la fecha) algo que me marcó. No fue una violación, claro está, pero me sentí humillada y confundida. Me habló de cosas que yo no tenía idea para esa edad y sin saber por qué, no pude colgarle en ese instante. Tuvo que llegar mi mamá para que pudiera decirle “¡Hey! Ya llegó mi mamá, te la voy a pasar”. Obviamente el sujeto ya había colgado.

No pude decirle a mi mamá nada de lo ocurrido, por que como lo he planteado anteriormente, mi mamá no era muy ducha en eso del sexo, MENOS con sus hijas. En fin, el punto es que como niño, no es verdad que reacciones de la manera mas adecuada.

Si en un niño es así, en un adulto no dista de ser igual de bochornoso, triste e impotente que se enfrente a situaciones tan incómodas en las cuales no sepa uno como reaccionar.

Hace unos meses (por enero) fui a La Paz por motivos de trabajo.  Me habían pedido un análisis médicos rutinarios y tenía que entregar una bola de papeles en oficinas de allá (Yo vivo en San Lucas). Así que fui al consultorio médico del Doctor Simi, que está enfrente de la tienda del ISSSTE. Eran las 7 de la tarde (noche) y pregunté por el doctor, un joven muchacho me hizo señal de que estaba al fondo en su consultorio y me invitó a pasar. Caminé por el pasillo y al final estaba un hombre, bien chaparro, blanco de cabello castaño claro, con una bata que le quedaba grande, su estetoscopio mal colocado alrededor de su cuello y sin un ojo. (Sí, puede resultar algo impresionante, pero no dejo que ese sentimiento se me salga de las manos para no hacer sentir mal a nadie).

Me sonrió y me convidó a sentarme. Después del saludo y de la corta referencia climática, me preguntó cuál era el motivo de mi visita. Le platiqué que el puesto federal que deseaba solicitaban análisis rutinarios y pues ese era mi motivo. Me hizo varias preguntas, al principio normales y después cosas muy sin chiste, como acerca de mis tatuajes: ¿Qué si cuanto tiempo tenía con ellos? ¿Qué si no había notado alguna reacción en mi piel? ¿Qué si los colores no me hacían sentir mareada? ( ¿¿¿WTF???).

Entre más avanzaba la consulta, más estúpido se ponía todo el clima. Guardé silencio y puse mi característica cara de “hijo, la estás cagando”. Empecé a sentirme incómoda y se lo dije – ¿Cual es el punto de preguntar acerca de mis tatuajes, si vengo a una revisión superficial? -bueno- contestó él -quiero saber solamente, me han reportado cientos de casos en los que los tatuajes causan una serie de enfermedades que no te quiero ni contar.

Como es de esperarse, me ataqué de la risa, estaba de lo mas incómoda. Me pidió que me sentara en el chingado sillón-cama que tienen para tomar la presión. Yo traía una camisa blanca con rayitas rosas, al cuerpo y las mangas me quedan justas. Quiso alzar la manga pero como estaba tan justa solo llegaba al codo. Le dije que se podía tomar la presión así por encima, porque ya lo han hecho antes y me insistió que no podía.

Ahí se me prendió el foco y esperé a ver cuál era su reacción. Si lo que están imaginando es que me pidió que me quitara la camisa, están en lo correcto. El bastardo me dijo que si quería el examen médico, tendría que quitarme la camisa. Tomé aire. Me quedé sentada en donde estaba y le dije -estás pero si bien mal, si crees que me voy a desnudar sólo para que me tomes la presión.

Ok, ok. Te doy el examen así, te lo firmo y no hay ningún problema. Dijo. Para entonces yo ya era una hervidera de encabronamiento. “Estas bien pendejo, pinche animal. ¡¡¡¡¡¿Qué clase de doctor te crees que eres hijo de tu puta madre?!!!!!”  Y gritando, para que la gente de afuera oyera lo que tenía que decir del enfermo, que se hacía pasar por doctor.

Tomé mi chamarra mientras me llamaba: “espera, espera”. Salí al recibidor, gritándole a los de la farmacia: “¡¡¡¿Qué clase de enfermo tienen por doctor?!!! ¡¡¡Lo voy a reportar!!!

Estaba fuera de mi, toda temblorosa, nerviosa, alterada y contrariada. Pensé rápidamente ¿Qué es lo que tengo que hacer? Reportar a este enfermo para que no siga haciendo sus cochinadas. ¿Cuantas niñas, niños, adolecentes, mujeres solas, toca este pervertido? ¿Cuánta gente se deja? Por miedo, por ignorancia, por la incapacidad de discernir que nadie tiene el derecho de tocarlo o de soportar que le digan palabras que a uno le hieren.

Vi el número de teléfono en letras amarillas para quejas y sugerencias. Lo guardé rápidamente en mi teléfono y salí de ahí. Me subí a mi carro y fui a otra Similares que está por la catedral, enfrente del Jardín Velasco.

Un doctor muy formal me preguntó por qué estaba tan alterada y le platiqué el incidente. Me dijo que podía hablar a ese número que había apuntado en mi cel. Que diera el número del consultorio y la zona. Él me proporcionó amablemente los datos. Después de hacerme un análisis clínico NORMAL, me dio una hoja firmada por él, donde constataba, felizmente, que estaba completamente sana.

Salí a toda marcha para entregar mis papeles. En el camino hablé por teléfono (es un cero-uno-800), di los datos y reporté al asqueroso y propasado doctor chimuelo de un ojo.

Hasta le fecha no he vuelto a La Paz. No he tenido necesidad, ni dinero. No sé si sacaron a este doctor del consultorio pero según tengo entendido no está ahí. Sólo me resta decirles: mucho ojo, cuéntaselo a sus superiores y haz que  corran al cochinón.

No olviden visitar el Blog de Mar Fatale, Soborna. Un ceviche ideológico visual.

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2 replies »

  1. que buen post, y no por lo chafa que te pasó sino por como lo describes y a pesar de que (no te conozco) aparentas ser una tipa muy ruda reaccionas antes las vicisitudes de la vida de una manera muy natural. que wueno que reportaste al cerdo de ese doctor, realmente sentí el asco que tenías al momento que te toqueteo para subir la manga de tu blusa.
    saludines.
    x

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