Víctima de la rutina


Hace unos días fui víctima de la rutina y me llevé un susto… Resulta que tengo medido mi tiempo, cuando menos el laboral. Empiezo a alistarme a la misma hora. Salgo hacía el trabajo a la misma hora. Y llego siempre a la misma hora. Y para no variar, me estaciono donde mismo.

Esa tarde había un auto estacionado en el lugar donde normalmente me estaciono. Lo cual no fue relevante, ya que donde me estacioné, aún alcanzaba sombra. Agarré mis cosas y a trabajar. La tarde transcurrió sin mucha relevancia. Lo mismo de siempre.

El problema fue a la salida. Bajé las escaleras, me despedí, como mi rutina dicta, abrí la puerta y al salir a la calle casi muero del susto. ¡Mi auto no estaba! Me quise morir. Todo pasó en una fracción de segundo. Di un paso. Di otro. Y pensando en qué demonios iba a hacer. Me robaron el maldito auto. Di un tercer paso y ¡vi mi auto!

Había olvidado que no me había estacionado donde siempre. El auto que me había ganado se había ido. Mi espacio rutinario estaba vacío. Mi auto no estaba ahí. Lo primero que pensé fue: “¡qué bruto eres pelón!” Pero no saben el alivio que se siente saber que mi auto no había sido robado, sólo había sido víctima de la rutina.

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5 replies »

  1. JAJAJAJAJAJAJA QUE PENDEJO JAJAJA-…. triste pero cierto, a mi me ha paso lo mismo un puterisimo de veces, pero cuando le sucede a alguien mas no puedo dejar de decirle QUE PENDEJO
    jjajajjajajaj

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