Oyalep

La Gentay


Pues que estaba la Mar atendiendo la tienda de sus suegros. Sí, cuando hay que echarle la mano a la familia pues no hay de otra, más que hacerlo, ¿no?

Bien, pues ahí estaba una de tantas tardes que me he quedado al quite para sacar el día y que llega la vecina. Seee, esa vecina que te hace voltear a wevo, aunque no traiga nada sensual puesto. Ese tipo de vecina que te hace pensar en una ventana cerca de su ventana.

Entre la palomilla le apodamos la Gentay. Bueno, en realidad así le puse yo.

Su diminuta cintura, sus alargadas y delicadas piernas, sus enormes pechos y ese largo cabello lacio en juego con sus ojos ámbar, le dan un aire inocentemente cachondo.

A mi marido le saca la vuelta, pero a mí me saca plática la condenada. Cuando llega al mostrador no puedo dejar de verle el escote, verle esos pechototototes que le brotan de sus blusitas, inclusive me ha torcido viboreándola y no me ha dicho nada. Si me da vergüencilla, pero no tanta como para no repetirlo.

No sé, la Gentay tiene lo suyote y seguiré viboreándola sabroso aunque no sea lesbiana. ¿Qué? Apoco no se disfruta de vez en diario zorrear a las del mismo sexo… claro que sí. Sólo hay que sacar lo warra que trae una adentro y perseguir con la mirada a todas las Gentay que anden sueltas por ahí…

No olviden visitar el Blog de Mar Fatale, Soborna. Un ceviche ideológico visual.

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