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Ni los perredistas votaron por Pablo Hiriart


Dicen los organizadores de la “consulta ciudadana” sobre la reforma petrolera que en el Distrito Federal votaron “casi 826 mil personas”.

El dato es falso, pero vamos a tomarlo como válido por un momento.

Esa cifra quiere decir que ni los perredistas votaron en la consulta que ellos mismos organizaron.

El padrón del PRD en la capital es de un millón 400 militantes y, según los organizadores, sólo acudieron a las urnas “casi” 826 mil personas.

¿Qué pasó con los 600 mil perredistas capitalinos que no fueron a votar?

Ni ellos se creyeron su cuento.

Y, si fuera cierta la cifra de “casi” 826 mil votantes, eso quiere decir que votó 11% del padrón de ciudadanos del Distrito Federal, la entidad más perredista del país.

La abstención ciudadana en la capital fue de 89 por ciento.

Con esa cifra, los organizadores de la consulta deberían estar avergonzados y admitir que su ejercicio carece de cualquier validez, por el desdén ciudadano.

El desdén ciudadano no fue debido a falta de información acerca de la consulta, ya que el Gobierno del DF, el Partido de la Revolución Democrática y el Instituto Electoral del DF fueron pródigos en invitar a la población a participar.

En todo caso, lo que hubo fue desconfianza ante una consulta amañada con preguntas con premisas falsas, lo que admitió Roy Campos, uno de los asesores en la redacción de las que el domingo se presentaron a la población.

Hubo desconfianza a una consulta cuyas preguntas fueron ciento por ciento del gusto del jefe de Gobierno del Distrito Federal, quien les dio el visto bueno cuando el Instituto Electoral capitalino se las presentó a su consideración, según informó el mencionado Roy Campos.

Es obvio que hubo desconfianza, y cómo no la iba a haber.

Llamaron a votar el Gobierno del DF y el Partido de la Revolución Democrática. Ellos organizaron la consulta, con Manuel Camacho Solís a la cabeza.

Además de encargar las preguntas a su gusto, ellos hicieron la propaganda en que descalificaban de entrada a la iniciativa de reforma petrolera, porque según ellos se quiere regresar a empresas extranjeras el petróleo mexicano.

¿Qué objetividad podía haber en una consulta con esas preguntas, con esa propaganda inducida y pagada por el Gobierno del DF, y con esos organizadores?

Los perredistas y los empleados del Gobierno de la capital fueron quienes fungieron como autoridades en las casillas. Y ellos contaron los votos.

¿Ya se les olvidó a los perredistas que debieron anular su elección interna porque se hicieron trampa entre ellos?

¿Querían que la población confiara en su remedo de consulta y acudiera de manera candorosa a expresar su opinión con un sí o un no?

Deberían estar avergonzados del resultado de su nueva pantomima.

Es que volvieron a hacer trampas.

En la prensa están documentados los acarreos; gente que fue a votar a cambio de una camiseta y una gorra. Otros, a cambio de dinero en efectivo.

Y ni así lograron que votaran, cuando menos, los militantes del PRD en la capital.

Volvieron a hacer trampa, y así lo delatan sus propios números:

En el DF se instalaron cinco mil 500 mesas receptoras de sufragios, en las que habrían votado 826 mil personas.

La jornada fue de ocho de la mañana hasta las seis de la tarde.

Lo anterior quiere decir que en cada mesa receptora hubo un votante por cada 3.8 minutos, de manera ininterrumpida durante las diez horas que duró la consulta.

¿Alguien vio las filas de ciudadanos que esperaban para votar en todas las mesas y durante todo el día?

Bueno, pero vamos a suponer que por ceguera no pudimos ver esas largas filas de capitalinos a la espera de emitir su voto. Y vamos a suponer que es real la cifra que dieron de la votación que esperan obtener en todo el país: tres millones de personas.

Estamos hablando de menos de 5% del padrón nacional. O, visto de otra manera: los organizadores de la consulta esperan que, al finalizar ésta en todo el territorio del país, la abstención sea de alrededor de 96% de los ciudadanos enlistados en el padrón electoral.

En el DF, donde el PRD tiene una mayor cantidad de militantes y el gobierno local ejerce un férreo control sobre la ciudadanía que recibe los apoyos de sus programas sociales, la consulta fue un desastre.

Ni los perredistas fueron a votar.

Antes que una opinión sobre la reforma petrolera, lo que hubo el domingo en el DF fue una silenciosa pero abrumadora rebeldía contra la manipulación de un partido y de un gobierno.

 

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1 reply »

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    Tim Ramsey

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