Una alemana les dice a sus amigas:

‘Un día llegué a mi casa y le dije a mi marido:

-¡HANS! Óyeme cerdo patán. A partir de hoy tú preparas la Comida.’

‘Al primer día no vi nada. Al segundo tampoco. Pero al tercer día, Hans empezó a preparar la comida.’


Todas aplaudían y gritaban: ‘¡¡¡Eh, bravo, bravo, así se habla!!!’

Una francesa dice: ‘Un día llegué a mi casa y le dije a mi esposo:
-¡PIERRE! Bastardo inútil, a partir de ahora tú limpias el piso.’

‘Al primer día no vi nada. Al segundo tampoco. Pero al tercer día Pierre limpió los pisos.’

Las mujeres gritaban: ‘¡¡¡Eh, bravo, bravo, eh!!!’


La mexicana dice: ‘Yo llegué un día a mi casa y le dije mi marido:

– ¡PANCHO! ¡Huevón, hijo de tu puta madre, a partir de hoy tú te preparas tus chilaquiles y tus huevos a la mexicana y tus sopes y me vale a qué hora llegues!’

‘Al primer día no vi nada. Al segundo día tampoco. Pero al tercer día, como que ya empecé a ver poquito con el ojo izquierdo.’

 

 

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