Felicidades a todos aquellos que decidieron que su vida era enseñar. Aunque esto no incluye desnudistas, lo siento, nada personal.

Para bien o para mal, los profesores moldan nuestras vidas, igual o más que nuestros mismos padres. Tanto buenos profesores, como malos. Hay aquellos que nunca olvidaremos. Porque eran buenos instructores, por buena onda o simplemente porque nos identificamos con ellos y los adoptamos como amigos.

Los profesores son un mal necesario. ¿Por qué mal?… ¿por qué no?

En lo personal aún recuerdo con gusto grandes profesores. Grandes personas. Igual recuerdo, y con gusto aunque no me crean, aquellos que odié y que sigo odiando, ya que igual nos cambiaron la vida de alguna manera.

Me gustaría mencionar nombres, desde el kínder, pasando por la primaria, la secundaria, haciendo una gran pausa en la preparatoria y rematar en la universidad. Sin dejar de mencionar a los profesores del Inglés América, Alianza Francesa y demás profesores privados (privados de razón y de iniciativa privada). Pero temo que podría dejar a alguno fuera de las menciones y no sería justo. Mejor así.

Cuantos recuerdos. En fin, una gran felicitación en su día. Y ojala que no olviden que su profesión es la más importante de todas. No hay profesión que sea más importante. Recuerden esto siempre y si se saben buenos profesores, sigan mejorando. Y aquellos que se saben malos profesores, crueles, malditos, que sólo les importa el cheque quincenal y los bonos, o que creen que el mundo no los merece; pues tienen razón, ¡no los merecemos! Así que háganle un favor al mundo y dejen de torturar estudiantes.

De cualquier manera, felicidades.

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