El mejor agujero abdominal de la red

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Marqués de Sade, 197 aniversario de su muerte


Se cumplen hoy 197 años de la partida del célebre y celebrado, aunque también repudiado, Marqués de Sade. Falleció encerrado en el Manicomio de Charenton. Donatien Alphonse François de Sade, conocido por su título de Marqués de Sade, escritor francés, fue autor de Justine y Juliette, dos lecturas muy fuertes pero que personalmente recomiendo mucho (“Pornografia literaria”, dijo mi madre). También autor de Los Infortunios de la Virtud, Las 120 Jornadas de Sodoma, La filosofía en el Tocador, entre otras.

Desde 1834 la palabra sadismo aparece en el diccionario describiendo la propia excitación producida al cometer actos de crueldad sobre otra persona.

¿Han leído alguna obra del Marqués de Sade? ¿Han practicado el sadismo? ¿O lo han practicado en ustedes?

Marqués de Sade


¿Cuándo se es demasiado gorda?


He oído decir que nunca se es demasiado delgada… no lo sé.  De mis 38 años de vida, sólo cinco fui flaca, y fue a una edad en la que esas cosas no importaban un pepino. Obviamente, mi obesidad ha tenido etapas, formas, grados: no siempre he sido igual de gorda; lo que no ha cambiado es la sensación: en algún momento de mi vida pude haber estado sólo “llenita”, y sin embargo, me sentía igual -o puede que hasta más- gorda de lo que me siento ahora, que sí estoy que reviento. La principal diferencia que encuentro entre mi obesidad actual y la histórica es la edad. Puede que a los 17 no haya sido realmente obesa, pero así me sentía, y eso fue determinante de mis conductas de ese entonces.  Ahora que sí lo soy, de una manera insoslayable y mórbida, ya no me puedo dar el lujo de usar el subterfugio de los traumas para seguir evadiendo el problema.

Resulta que un montón de aspectos de mi vida están prácticamente resueltos, y si no tanto como eso, sí van marchando:  tengo casa y trabajo, soy autosuficiente, he sacado a mi hijo adelante, tengo una pareja; mis asuntos familiares, laborales, financieros, académicos, sociales y amorosos parecen estar bajo control. Y yo, sigo gorda.¿Por qué continúo haciéndome tanto daño, si tengo todo para ser feliz? Es una pregunta tremendamente simple de formular, y terriblemente dura de responder…

Mi terapeuta me dijo, entre otras muchas cosas, que por eso colecciono barbies: son como yo jamás fui, ni seré, y yo las pongo donde quiero, las muevo a mi antojo y hago con ellas lo que me da la gana: o sea, hago con sus lindos y flacos cuerpecitos, lo que no puedo hacer con el mío.  A creerle o no; no pienso dejar de coleccionarlas, sobre todo porque no creo que sea la solución a mi problema, ésa es mucho más profunda e inalcanzable. Pero tengo que empezar a hacer algo… ME URGE…

Por lo pronto, me limitaré a ennumerar algunas de las situaciones que me van indicando que ya es hora (de hecho, ya era hora desde hace como cuarenta kilos) de hacer algo:

- Tengo un clóset lleno de ropa que no usas PORQUE NO ME QUEDA. :/

- Al margen de que me gusta, y mucho, me he hecho de un estilo “mexican curius” porque es el único tipo de ropa con el que te sientes cómoda y presentable, aunque ello implique tener que soportar a quienes me “confunden” con Beatriz Paredes. :/

- He tenido que arregalr bochornosos incidentes con mi ropa (porque me ha ido quedando más apretada), que van desde ponerle parches hasta tener que averiguármelas en el baño de la oficina con engrapadora y cinta canela.

-Digan lo que digan, hagan lo que hagan lo fabricantes y vendedores: LA ROPA BONITA EN TALLAS EXTRAS, ¡NO EXISTE! :/

- Pasando de las frivolidades a hechos más trascendentes: mi espalda ya no sólo me duele al terminar el día, después de andarme sosteniendo para acá y para allá… ya me duele desde que me levanto -cada días más trabajosamente- de la cama. Y aplica lo mismo con mis pies. :(

- Se ha convertido en una una verdadera hazaña, cada día de clases, tener que subir a los salones de los pisos más altos… lo tomo a broma, solita “me doy carrilla”, mis alumnos se ríen, yo me río… pero la verdad es que resulta patético y doloroso. :(

- Caminar es siempre muy recomendado. A mí, me gusta caminar en el Malecón. Hasta ahí, genial. Pero de regreso a casa, la subida de dos cuadras ¡ya hace que me sofoque y me duela el pecho! ¡y eso antes no me había pasado! ¿será “la bola”?   :(

- Dicen que “no hay gorda sin hombre”. Puede que sea. Pero una cosa es lo que el amor provoca, y otra muy diferente cómo me siento como mujer… Cualquiera me parece más “guapa”, más “sexy” que yo…. Digamos que agradezco tener el cabello bonito, porque siento que es lo único en mi cuerpo digno de acariciarse. Y aclaro: soy muy afortunada al tener a mi lado a un hombre generoso y comprensivo que sabe hacerme olvidar todos estos pensamientos cuando está a mi lado; pero una vez a solas, y encarando mi realidad, la cosa cambia…

Por ahora, no se me ocurre qué más escribir acerca de esto. ¡Como si todo lo anterior no fuera más que suficiente! Espero poder escribir algo mejor mañana… algo así como que me puse a dieta y/o ya fui a caminar, por lo menos. Porque si no hago algo como secuela de lo que escribo, ¿para qué escribir?


Scorpions en el cumpleaños 80 de Gorvachov


Tocando Wind of Change en el evento de gala llevado a cabo en Londres con motivo del 80 onomástico  del exlíder ruso, realizado con la intención de recabar millones de dólares para caridad a favor de enfermos de cáncer, así como investigaciones sobre esta terrible enfermedad. Tal evento costó casi 5 millones de dólares.


Pornografia en USA



Hoy hace una década


En aquel tiempo vivía en Guadalajara, cerca de la estación del tren ligero de Periférico Norte, estaba enamorado, comprometido y pasaba hambre. Trabajaba de traje y corbata en un empleo sin futuro. Nunca había ido a un concierto de rock como el Dios de su preferencia manda. Puras tocadas locales en mi rancho natal.

Fue a finales de agosto del 2000 cuando Apocalyptica anunció el lanzamiento mundial de su disco Cult, y que lo haría nada más que en el Hard Rock Café de Guanatos. Había que ir a ese concierto fuera como fuera. Y fue.

Hoy hace 10 años que tuve la oportunidad de presenciar mi primer concierto, y uno muy cabrón, al lado del amor de mi vida (de ese momento). Éste décimo aniversario coincide con el lanzamiento del nuevo disco de Apocalyptica, 7th Symphony. Pueden escuchar extractos en su página oficial o de Facebook. Vale la pena, se escucha muy bien.

Si bien confieso que Apocalyptica sólo me gustaban por sus covers de Metallica, lograron librarse de ese estigma inicial y establecieron su estilo propio con rolas originales, como fue el caso de Cult. Un bonito recuerdo, para iniciar una buena semana.

Les dejo con un cover de Rammstein, que en lo personal me gusta un chingo, Seemann, y con el mega-clásico de Metallica, One.


Bicentenario


Desde el año pasado, pero sobre todo éste, todo ha sido bicentenario esto, bicentenario aquello, bicentenario su chingadamadre en bicicleta. ¿Me pregunto ésta mañana bicentenaria si la cruda en la que está inmerso todo el pueblo mexicano el día de hoy también es bicentenaria?

¡A curármela en La Esquina!


No hay mal que dure 100 años


Cuando menos eso reza el dicho, pero éste país está por cumplir 200. Somos un país problemático y violento desde su origen mismo.

Mesoamérica, puros fregadazos entre pueblos. Luego llegaron los españoles y nos chingaron. Luego nos chingamos a los españoles pero empezamos a chingarnos a nosotros mismos. Entre chingazos y chingazos, nos chingamos y nos chingarons franceses y gringos. Los gringos como que aún no se cansan y como que nosotros los ayudamos. Ni nosotros nos cansamos, ya que nos seguimos chingando los unos a los otros, cual mandamiento.

Esa es la historia breve de México. Libres, independientes y democráticos pero bien pendejos y apáticos.

Hoy celebraremos el bicentenario del inicio de la lucha de independencia. Hay mucho que celebrar, cierto, luego me tachan de pesimista, pero tanto humo nos distrae un poco, sólo un poquitín, de todos los problemas. Mañana despertaremos todos muy crudos, pero muy patriotas.

Pásenla chingón, y que sirva de punto y aparte, y empezar a cambiar a éste folclórico y chido país.


Por eso no opino


El sábado pasado recibí en mi casa una copia del ‘libro’ Viaje por la Historia de México, de Luis González y González. Libro conmemorativo por el Bicentenario del inicio de la guerra de independencia y el centenario del inicio de la revolución publicado por el gobierno federal.

Incluye una carta firmada por nuestro señor presidente, Felipe “Calderas” Hinojosa, donde ‘me’ dice que debo celebrar con alegría y orgullo. ‘Me’ explica el por qué éste es el año de la patria y el privilegio que es ser mexicano. También ‘me’ comenta que él decidió que era una buena idea que cada familia mexicana tuviera un librito de historia en casa. Algo sencillo y breve, como éste del que hablo.

Él espera que lo disfrute junto con mi familia, y que ojalá que pueda marcar el inicio de una nueva etapa de desarrollo con justicia, libertad y democracia, tal y como la soñaron los héroes que nos dieron patria y libertad. Para finalizar, de mexicano a mexicano, ‘me’ desea “¡Muchas Felicidades!”

La verdad el librito está bastante decente. Muy breve, pero es un buen trabajo. Se reconoce la calidad. Lo que no entiendo es cómo éste librito logrará todo lo que dice la carta. Se hicieron 25 millones de ejemplares para que todos los mexicanos (y mexicanas) conozcan la historia de nuestro país.

Si éste libro logra su objetivo, habría que sacar algunas ediciones alternas, se me ocurre Viaje por la Historia de la Corrupción en México, podríamos explicar en ese libro que todos nuestros males actuales no son culpa de los que están ahorita, sino de todos los que han permitido, durante 200 años, que lleguen los que están ahorita.

Entiéndase que la culpa no es de Calderón, ya boten eso. Ni Obrador nos va a salvar, también ya boten eso. Primero revive Jesucristo.  Lo que éste país necesita es un despertar de conciencia y que todos hagamos nuestra parte.

•    Políticos, a trabajar en el puesto en el que están, no por el que quieren llegar a tener. Ya no mamen. Si no sirven para trabajar, ni pedo, a buscarle en otro lado, pero no se lancen a la política, nomás le pegan en su madre a lo que queda del país.
•    Profesores, dejen de pelear el 3.14159265 % de aumento, peleen por mejores condiciones en las escuelas, mejores aulas, mejor material. Ya ganan bien, todos quisiéramos más, pero no se puede, y ustedes ya ni la chingan, exprimiendo al gobierno, en lugar de ser el ejemplo. Educar era una vocación, ahora es la onda conseguir una plaza, buenas prestaciones y poco trabajo. Y no hablo de los profesores privados, que esos si le chingan un poquito más, hablo específicamente de los sindicalizados, que son un chingo.
•    Burócratas, puro pidiendo, y no son buenos ni para dar los buenos días cuando se les requiere. Mamando café y chismeando hasta que llegue su hora de salida. Peleando bonos, primas, aumentos, gastos médicos, y un chingo de cosas más. Igual, no la chinguen. Ya tienen un trabajo fácil, medio bien pagado (cuando les pagan), prestaciones y toda la cosa.
•    Padres, bueno, aquí ni me meto, no tengo experiencia como padre, pero lo que veo, no es muy alentador. Sobre todo con los padres jóvenes. Si ellos son los que están educando al futuro de México, ya nos cargó la chingada. De verdad vamos de mal en peor, y no es pesimismo, se llama cruda y culera realidad.
•    Individuos, nadie hace nada. Todos nos quejamos de todo. Pero ni siquiera empezamos por nosotros. Sucios, irresponsables, apáticos, corruptos, irrespetuosos… ¿sigo? No va a faltar quien dirá, “yo no”. Pero todos pasamos por alto alguna regla de transito, en el trabajo, en la escuela, al vagar.

Por todo esto prefiero no hablar sobre el país. Empiezo hablando sobre un libro muy chido y que costó quien sabe cuántos millones, y mi calle tiene 15 años con el MISMO bache, y eso que es calle de hospital principal.

Si hay cosas muy chingonas, una identidad a toda madre, recursos, ganas, y todo lo que se necesita para aspirar a algo mejorcito, pero todo eso vale madre si la gente, si nosotros, si los mexicanos, valen tantísimo pito como individuos.

Piénsenle y pásenla chingón en los festejos del Bicentenario y Centenario. Y pos viva México, ya qué chingados se le hace.

El susodicho aún en su empaque de lujo.


Trailer oficial de la película del Bicentenario



Made in China



3 espadas


Espectacular e imponente son dos de los tantos adjetivos que se le pueden dar al monumento noruego de “Sverd i fjell”, que significa Espadas en Montaña. Creadas por el escultor Fritz Røed, éstas 3 espadas se erigen en una pequeña colina en memoria de la Batalla de Hafrsfjord, cuando se logró unificar Noruega e inició una edad dorada y de paz en la conflictiva zona del naciente reino escandinavo.

La espada más grande representa al rey vencedor, el rey vikingo Harald, y simboliza la paz, ya que al estar clavadas en la roca no volverán a ser utilizadas. Las dos espadas más pequeñas representan a los reyes derrotados y los reinos antes en constante guerra, ahora unificados.

Un monumento que he de visitar algún día de mi vida. ¿Qué lugar es obligatorio de visitar para ustedes? ¿Por qué?


A una semana del Vicente Nario


A tan sólo una semana del gran festejo del Bicentenario no hay mucho bueno por decir. Sí mucho que analizar, criticar, pero a su vez buscar y proponer soluciones, no sólo quejarnos como siempre lo hacemos. Convirtiéndonos en la choteada frase de “parte del problema”.

Perdemos guerras, territorio, dignidad, partidos importantes de fútbol, dinero, derechos, libertades, pero eso sí, nunca perdemos el sentido del humor. Si nos reímos de la muerte, la desgracia nacional es pan comido. ¡Buen miércoles, gente!


Facebook, la película


Hace días se lanzó el trailer con los avances de la película de Facebook llamada The Social Network (La Red Social). Apenas me tomé la molestia de verlo. He decidido ponerlo en el blog, no por su calidad cinematográfica o porque vaya a romper record en los Oscar, si no por la influencia que Facebook ha causado a nivel mundial en el comportamiento de las personas, y la manera en que ahora interactúan.

Adicción, herramienta de marketing, medio de comunicación y distribución de información, del lado que lo quieran ver, Facebook llegó para quedarse, y es sólo el inicio de la revolución informática, “social”, de la manera en la que interactuamos y compartimos con los demás. Seguramente llegará algo que lleve a Facebook a otro nivel de interacción o el mismo Facebook evolucionará. No lo sé con certeza, pero es algo que poco a poco se irá arraigando, al grado que lo hizo el radio, la televisión, los celulares o las computadoras en su momento.

La película no es más que una dramatización y exageración del origen, creación y desarrollo de Facebook. La película está basada en el libro The Accidental Billionaires: The Founding of Facebook, A Tale of Sex, Money, Genius and Betrayal (Multimillonarios Accidentales: La Fundación de Facebook, Una Historia de Sexo, Dinero, Genio y Traición), escrito por Bob Mezrich, y se estrenará el próximo mes de octubre.

Habrá que ver con qué salen los gringos de Hollywood ésta vez.


¿Lo matarías?


Todos los niños son bonitos. Bueno, eso dicen. En el peor de los casos cuando menos la madre lo dice. Pero supongamos supositoriamente suponiendo que tienes la oportunidad de matar a éste querubin, ¿Lo harías?

Adolf Hitler


Cítricos para cenar


Las naranjas son jugosas… las toronjas son jugosas… las mandarinas… ¿no has llevado frutas a la cama? Aquí, donde el calor de infierno no nos deja dormir, no se antoja otra cosa para cenar que unas naranjas partidas –tal vez, con sal y chile -; el secreto consiste en haber metido las naranjas un buen rato al congelador, para que estén frías, frías, frías…

Medio sentados, medio acostados en la cama, con el ventilador en su máxima potencia, recién bañados, el cabello escurriendo y pequeñas gotitas de agua que no han sido tocadas por la toalla (si te secas el agua, aparecerá inmediatamente el sudor), cenaremos en la cama, cerca pero separados, dejando que el ventilador nos seque. Tú me verás agarrar un cuarto de naranja, acercarlo a mis labios y apretar, para hacer salir el jugo que inundará mi boca. Y pondrás atención a ese movimiento, porque te encanta ver mis labios presionar la naranja para sacarle el jugo. Pero mi boca es pequeña, y la naranja está tan fría, y tan sorprendentemente jugosa, que no puedo evitar que se derrame el dulce líquido sobre mi pecho. Jugo helado, pezón sensible: reacción previsible, pero inevitable. Tu lengua, comedida, se apresura a limpiarme… y la dejo hacer.

Tres baños más: jugo de naranja, saliva, nuevamente agua… y entonces sí, a dormir. Pese al calor…


Ese día desperté y estaba muerta.


No sé cuantos días habían pasado desde aquella noche en que estaba viva y me destiné a dormir eternamente, pero pasó tanto tiempo sin que nadie se diera cuenta de que había fallecido y se dignara a buscarme, que me cansé de esperar y decidí que sería mejor buscarme nuevos y mejores amigos.

Al principio fue difícil porque una persona muerta no tiene tan buena apariencia como una viva, los ojos se secan y la piel se torna quebradiza y áspera. Obviamente la gente no te ve con tanta tranquilidad y suele asustarse si llega a ver como se desprende un mechón de cabello de tu cabeza cuando tratas de acicalarte.  Aprendí que el arte de hacer amigos radica en tener paciencia y tratar de comprender lo que los demás sienten, en aceptar si deciden quererte o no y que si te han aceptado con todos tus defectos, había que mostrar gratitud, aceptándoles de la misma manera.

La vida después de la muerte hace que tu manera de pensar cambie súbitamente,  nosotros los muertos ya no tenemos nada de qué preocuparnos, por que en realidad no tenemos ninguna necesidad básica que satisfacer y el miedo a la muerte se transforma en valor y motivación por la vida para compartir con los vivos. Es una desgracia que para aprender a vivir haya que morirse y que, ya muerto haya tantas cosas que te veas impedido a hacer en comparación a los vivos, pero la manera tan entregada y alegre con que se vive la nostalgia de lo no vivido, compensa en cierto modo esta vida muerta.

En fin que estos pocos días preferí preparar mi partida final, me despedí de mis nuevos amigos, bailé, canté y me emborraché como nunca lo habría hecho y me olvidé de una sociedad que nos encasilla en un comportamiento que posteriormente nos genera nostalgia por lo que no hicimos, viví todo aquello que cuando vivo soñé vivir y por ultimo compré mi espacio en el campo santo y encargué el ataúd y la lápida a mi gusto. Así que hoy que es el último día que decido existir como ser material, me despido con la seguridad de que todo lo que viví fue bien vivido y con la tranquilidad de que quien se queda, festejará conmigo mí transito a la muerte, como se festeja la llegada a la vida.

Descansen en paz….


El resultado del ocio…


Esta clase de cosas resultan cuando no tienes idea de que escribir… terminas escribiendo cualquier tarugada.

SUCEDIÓ POR LA MAÑANA

Como cada amanecer, despertamos los tres en el mismo lugar, con la misma hambre de todos los días, sin poder salir de estas cuatro paredes que enclaustran nuestras ya olvidadas intenciones de experimentar algo distinto, hurgando entre las piedras bajo nosotros, tal vez por instinto de encontrar algo que tragar y subsistir o tal vez absortos en la rutina, con la mente en blanco, actuando por mecanismos que nos mueven sin sentido alguno, intentando distraernos de la realidad y hasta tal vez buscando algo que ya olvidamos que existía.

En ocasiones nos empujamos los unos a los otros en una lucha de poder y posesión de este lugar al que ya no tenemos conciencia de haber llegado alguna vez, en el cual recordamos estar desde hace tanto y que día tras día parece resignarnos a llamarlo hogar.

Y como cada mañana, vemos llegar esa figura y al igual que siempre nos atesta el pánico y el instinto nos da razones para alborotados, tratar de huir en un espacio en el que sólo logramos chocar los unos con los otros, escapando hacia ningún destino mientras ella se aproxima con su paso tranquilo y ceremonioso.

La criatura es grande, de un volumen mucho mayor que el nuestro, siempre cambiante. Se acerca con su voz sonora y nos menciona cosas que no entiendo, toma entre sus manos un frasco rojo, lo abre y toma una pisca de algo parecido a hojuelas de colores, se inclina sobre nosotros encorvando su larga espalda y  deja caer aquello que a causa del hambre no nos interesa reconocer, sólo tragamos.

La criatura nos observa, nos analiza y como cada mañana, después de saciar nuestra hambre, da unos cuantos golpes a las paredes, cierra el frasco rojo que siempre trae consigo y se va, para volver hasta el siguiente día donde esperaremos ansiosos y temerosos su regreso dentro de esta pecera.


De plantones y extremidades


Era de noche, pero no muy tarde aún. Yo salía de mis clases de taquigrafía en el Seguro Viejo, y él había quedado de ir por mí. Como suele ocurrir a esa edad, los pasos de la puerta del salón al malecón fueron acompañados del típico cosquilleo en las entrañas, y con la incertidumbre de si me vería lo suficientemente bonita como quería que él me viera.

Pero afuera me esperaba sólo el Malecón. Inicié la marcha, esta vez tratando de controlar el cúmulo de sensaciones  desagradables recién estrenadas y aún difíciles de clasificar: decepción, frustración, enojo (no, mucha rabia), tristeza… la terrible impresión de no valer lo suficiente como para que él quisiera estar conmigo. Y continué la marcha. Las palmeras que adornan el club de marinos donde ahora además de impartir clases de danzas polinesias y de salsa venden raspados, estaban recién plantadas y me llegaban, cuando mucho, a la cintura. Creo que en esa época aún tenía una poca.

Mientras caminaba, un cúmulo de pensamientos pasó por mi mente: mis errores y los de él, los sustos compartidos, las broncas familiares, mis miedos y los suyos; pensé también que todo había sido un juego y que yo había sido una tonta por suponer que él podría sentir algo serio por mí. Ésas y algunas cosas más de las terriblemente dolorosas que se le ocurren a una a los quince (y se le siguen ocurriendo a los cuarenta, por desgracia). Y seguí caminando.

No recuerdo en qué mes sucedió, pero sí que hacía frío; porque recuerdo que no me extrañó ver sus manos escondidas en las mangas de una sudadera, cuando, a lo lejos, vi que se dirigía hacia mí. Supuse que tenía frío. Caminaba apurado, con el pelito lacio aquél moviéndose al ritmo de sus pasos, y sus grandes ojos de lacias pestañas, buscando los míos en la cuasi penumbra en la que ya había quedado la calle Morelos, donde tenía que dar vuelta, y por la que él bajaba hacia el Mar.

Nos encontramos como a una cuadra del Sindicato del IMSS, frente a la escuela Carranza. No recuerdo lo que se dijo, si es que se dijo algo (¡¿cómo podría, después de más de 20 años?!), y de lo que pasó después perdí memoria, no sé qué tan voluntariamente; pero lo que no olvido, y pretendo no olvidar jamás, fue de cómo al toparnos de frente, de una de las mangas de esa sudadera brotó una bellísima rosa roja que habló por él, logrando con eso que, cursi como era (¿era? ¡qué optimista!), en ese momento no quisiera estar con nadie más ni en nigún otro sitio…

Años después, leí “Letanía de la orquídea”, de Carlos Fuentes.  Y al conocer a Muriel, su protagonista, al que le brotó una orquídea de la rabadilla, no pude evitar acordarme de aquél muchacho al que alguna vez quise y de cuya mano brotó en una ocasión una rosa para mí.

Ahora, en la periferia de los cuarenta, y ambos con hijos universitarios, nos  hemos vuelto a encontrar, y la pregunta que asalta: ¿qué hubiera pasado si…?


Mi Barrio


Digo, algo bueno había de tener… hacía muuuuucho que no andaba por las calles aledañas a la casa de ustedes (qué fórmula de cortesía tan peligrosa: ¿cómo hacerle si alguien te toma la palabra y se te apersona ahí para vivir contigo? A mí me pasó eso con mi licenciado ¡y soy tan feliz desde entonces!).

Pero bueno, al tema. El punto es que la poderosa RAVA (juar, juar, RAV4) dejó de serlo, y está en el taller, con un connato de desvielamiento (¿así se dirá?), y pues yo… a patín. Y me he dado cuenta de cómo me pierdo de ver cosas interesantes, por ir manejando, o comiendo moscas en el asiento del copiloto… y eso sin considerar los kilos y kilos de más en mis sentaderas, que requieren movimiento.

Acá dejo un par de fotos de casas viejitas, que yo encuentro muy monas, para compartir con la banda… si se fijan bien, a nuestro alrededor hay muchas más cosas bonitas, interesantes o terribles qué mirar.


“Callejero”, un cuentito


“CALLEJERO” “Era callejero de las cosas bellas /y se fue con ellas cuando se marchó. Se bebió de golpe todas las estrellas/ Se quedó dormido y ya no despertó”. A. Cortés

Una canción, un olor, una textura… un recuerdo. La memoria es curiosa. O mejor dicho, lo que resulta curioso es la enorme cantidad de estímulos que nos llevan a recordar cosas. Domingo pasa de los 30, y aún le sorprende el hecho de que la memoria se despierte más fácilmente con estímulos sensoriales, que con voluntad propia. A él le sucede con ciertos olores que lo transportan de manera inmediata a momentos de su vida muy lejanos en el tiempo. Como el aroma artificial de fresa, que le recuerda ese otro, envasado y rojísimo, de aquel shampoo del que en su ingenuidad de niño tomara un gran sorbo, para con ello darle un gran susto a su madre, y echar por tierra su capacidad de deducción (¡¿qué, no debería saber como huele?!). O como aquel otro, más impactante y mucho menos antojable olor a quemazón. No el olor a quemado que puede desprenderse de una fogata, o de la basura que algunas personas queman en sus patios, sino el olor a cosas quemadas, a ropa, a utensilios, a recuerdos; olor que le lleva de inmediato al momento en que sus abuelos paternos llegaran a vivir a su casa, luego de sobrevivir al incendio que arrasó con el céntrico departamento en el que compartían lo años de su madurez. Era aquél el olor de un lugar incendiado lejos de su casa, pero era lo que Domingo más recordaba de aquél día, por lo impregnado que lo traían en la ropa, en el pelo, en la piel: lo único que habían logrado salvar de dicho incendio, además de algunos documentos y fotos, amarillos de viejos, cafés por el fuego alevoso que les alcanzara las orillas. Y lo mismo le pasa con la música. Como en esta ocasión: camino al trabajo, prende el radio del carro, una estación que transmite música “para la nostalgia”. No alcanza a oír la canción completa, mas le reconoce la última estrofa y el recuerdo llega, así: sin querer y sin avisar. No puede definir con exactitud cuántos años tenía cuando aquella canción estuvo de moda, y ni siquiera recuerda completamente la letra; sólo viene a su mente que la canción trataba de un perro, un perro callejero, de su vida y de su muerte. Una muerte que en apariencia a nadie debía de importarle, por ser aquél un perro callejero. Sin embargo, para él resultó determinante porque si algo llega a su memoria automáticamente con aquella canción, es la certeza de que fue entonces y a través de la misma, que adquirió la noción de lo que es la muerte. Seguro que era entonces un niño muy pequeño. Pero un recuerdo lleva a otro, y las ideas se van relacionando y le hacen llegar entonces, provenientes de un rincón muy alejado del subconsciente, la cara, la voz y la alegría de la que fuera su primera amiga, con quien oyera aquella canción la primera vez: Alondra.

Ella era un par de meses mayor que él, y vivía a la vuelta de su casa. Era la época en la que por toda ocupación tenían jugar, ya fuera en casa de ella, ya en la de él, ya en la calle. En ese tiempo, se podía jugar aún en la calle. Ambos eran los más pequeños de la cuadra y en consideración a ello no les habían puesto ningún apodo; aunque visto desde otra perspectiva, ¡ya era suficiente con tener nombres de animal y de día de la semana! ¿o no? Había de todo en la cuadra: como “el Pozoles” (su boca hubiera sido un reto para el ortodoncista más capaz) o “la Gorda” (casi esquelética, segunda de ocho hermanos, era la que diariamente antes de irse a la escuela iba a la tienda por unos cuantos huevos y tortillas para el desayuno y una caguama para su papá), los inevitables “el Pollo”, “la Güera” y “el Negro” (no hay barrio que no tenga los suyos) y algunos otros, igualmente pintorescos. Sin embargo, al ser todos más grandes, en realidad no compartían mucho tiempo con ellos, salvo para utilizarlos como conejillos de Indias en sus primeros experimentos adolescentes, como cuando los ponían a jugar al papá y a la mamá, y los hacían besarse en la boca o enseñarse “sus cosas”; o como víctimas de bromas pesadas y narraciones de películas y cuentos para atemorizarlos; por eso la mayor parte del tiempo su mundo se redujo solamente a ellos dos. Eran amigos las primeras horas de la mañana, para el medio día ya eran marido y mujer, se divorciaban antes de la hora de la comida, que hacían en sus respectivas casas, a lo que seguía una prolongada reconciliación el resto de la tarde. Y al otro día, con algunas variantes para no aburrirse, lo mismo. Hasta que llegó el momento de ir a la escuela, y el mundo -el de ellos, claro- empezó a cambiar. No fueron al mismo jardín de niños: por circunstancias de la vida, él asistió a un colegio de paga, lejos de la colonia, y ella se quedó allí, en el barrio, cerca de casa. Sobre esto en especial Domingo preferiría no acordarse: los largos y apretados viajes en camión, las largas cuadras recorridas desde la parada del camión hasta el colegio; los nervios que transmite la prisa de los adultos cuando un paso de ellos equivale a dos o tres de los tuyos; el casi diario nudo en la garganta al ver alejarse a su madre a través de la reja; la modestia de su torta de huevo con frijoles envuelta en papel encerado, al lado de las fabulosas loncheras y termos de sus compañeros, decorados con figuras del “Hombre Biónico” o algún otro superhéroe, cuyo contenido -fuera cual fuera- seguro sabía mejor. Sin embargo, para su buena suerte el horario del jardín de niños era apenas suficiente para que su mamá lo llevara, regresara a casa a hacer la comida y volviera para recogerlo. Por tanto, seguían siendo muchas las horas que tenía para compartir con Alondra. Hasta que comenzaron a aparecer los moretones. Surgieron de la nada, sin que se hubiera golpeado; Alondra los comenzó a portar, primero con sorpresa, más adelante con cierta resignación, como si no importaran. Y ambos hubieran podido pasarlos por alto, a no ser que a los moretones se les unieron las hemorragias nasales, cada vez más frecuentes, cada vez con menos sol o agitación a qué achacárselas, cada vez más sin razón aparente, como los moretones. Y a éstas, se fueron sumando paulatinamente otras molestias que hicieron que su mundo, ése que ya estaban acostumbrados a compartir, empezara a cambiar. Ya Alondra no iba a jugar con él a su casa, sólo lo hacía en la suya, y ya no toda la tarde, porque se cansaba; dejó de ir a la escuela, y él en su inocencia se burlaba de ella porque no sabía contar y él sí, hasta en inglés; y llegó a ser común que se ausentara por algunos días, y como a Domingo le decían que la llevaban a Acapulco, eso le producía indignación y envidia propias de quien se esfuerza tanto para aprender tanto número en dos lenguas y aún así tiene que esperar a que lleguen las vacaciones para salir, y para colmo, lo más lejos que llegaban era a Cuautla o a Oaxtepec. Una mañana que tuvo que ser de sábado o domingo porque sólo recordaba que no era un día de escuela, su mamá lo despertó muy temprano, con la indicación de que se pusiera su traje y sus zapatos “de salir”. Ese traje, azul marino para más datos, se lo habían comprado no hacía mucho para la boda de una de sus primas grandes, y luego de la fiesta y ya de vuelta de la tintorería había estado guardado en la espera de una fecha especial, por lo que cuando pudo abrir del todo los ojos, aún sentado en la cama y con un incipiente entusiasmo que pugnaba por vencer a la modorra, le preguntó a su mamá que a dónde iban. La respuesta que obtuvo le borró la sonrisa y le apagó el entusiasmo: – Vamos a ir a despedirnos de Alondra, vístete.

¡Con que eso era! Otra vez, ¡otra vez se iba a Acapulco ella! Ella, que no iba a la escuela ni sabía contar, ni se sabía los colores en inglés, ni le ayudaba a su mamá con los quehaceres de la casa… ¡mientras que él se quedaba jugando solo por las tardes, aguantando su ausencia y sintiendo que la vida no era justa! La envidia y el resentimiento le asaltaron, y quiso rebelarse. –No discutas, Domingo, y vístete ya, para que desayunes antes de irnos – le atajó su madre. Si no hubiera estado tan molesto, habría notado que la voz de su mamá, como su traje, no eran los de siempre. Después de tantos años Domingo recuerda muy vagamente los lugares y mucho más vagos se le fueron haciendo con el tiempo los detalles presenciados, las frases escuchadas. Lo que sí recordaría muy nítidamente, aún con el paso del tiempo, eran las sucesivas sensaciones que estrenó aquel día y que fueron poco a poco disipando el enojo con el que salió de su casa: el desconcierto, cuando vio que el lugar al que llegaban no se parecía en absoluto a la terminal de autobuses; la sorpresa cuando no veía por ningún lado a Alondra, pero sí a sus padres y hermanos cerca de aquella inexplicable blanca caja, rodeados de gente y muy, muy tristes. Pero sobre todo, el miedo que le produjo el silencio en el que por vez primera veía sumidos los muchachos de la cuadra; se sintió estúpido y traicionado cuando después de mucho rato en aquel oscuro sitio la verdad le fue revelada ante su insistencia por saber qué pasaba. Del siguiente sitio al que asistieron, sólo le quedó el recuerdo una estatua que a él le pareció enorme, con la forma de unas manos juntas como cuando se reza, y el pasto, porque allí había mucho pasto. Como en Oaxtepec. No lloró, o al menos no recuerda haber llorado. Pero sí recuerda, aún ahora que pasa de los treinta, al escuchar la canción de Alberto Cortés que con ella tuvo su primera noción acerca de la muerte, pero que la de Alondra fue la primera muerte de su vida. Llega a su destino, luego del viaje rutinario y el simultáneo viaje a su pasado, e inevitablemente, al apagar el radio apaga los recuerdos. Porque hay que trabajar. Ya habrá tiempo para más nostalgias.


Apestados


Me dejaron un comentario en la entrada, “Preparado para el Mundial”. Tengo que reproducir el comentario hecho por Artmeza, del blog sudcaliforniano, BajaPaz.

Su comentario, textual, es:

¿Qué se siente ser un apestado?

Del 11 de junio al 11 de julio, aquellas personas que no les gusta el futbol, es más, que lo odien tanto como para expresarse con el “APESTA”, se convertirán en parias sociales.

No habrá siquiera una piedra, una caca de vaca, una oreja de perro, donde no lleguen los ecos del ¡Goooool!

Tendrán que aprender a vivir como misántropos, eremitas, como si padecieran una lepra bíblica. Estarán fuera del mundo, en una especie de cubo insonoro, aislados. No podrán conversar ni emitir opinión si no saben quien metió el gol de ayer, el error del árbitro, el fuera de lugar del Chicharito, los cambios de Capello, o el pase de 60 metros de Xavi Hernández.

Más les vale que vayan buscando un alma gemela… si en el improbable caso de encontrarla, que puedan tocar otro tema diferente al mundial.

Después del 11 de Julio, podrán incorporarse, como antes, a la sociedad. Somos animales gregarios ¡Qué se le va hacer!

Artmeza también comentó:

Cada 4 años, ni la ONU, ni el Banco Mundial, ni La Liga de las Naciones, han sido capaces de reunir a esta cantidad de países, sólo la FIFA lo ha hecho, en torno a una bola de cuero y 22 tipos tratando de meterla en una portería. Es cierto es un gran negocio, para ellos, para nosotros, los aficionados, una delikatessen.

No es cualquier cosa cuando el mundo se ha unido tantas veces para guerrear; cuando todos esos países que van a jugar han tenido problemas y sólo el futbol, ha sido su contacto -Las Coreas, Iran -Irak, Las ex repúblicas soviéticas, Bosnia, Croacia, Serbia; Rep. Checa – Eslovaquia, etc. Muchos otros países con fuertes conflictos fronterizos, líos étnicos.

Por lo demás, la astucia, la estrategia, el control muscular, la habilidad, la jugada genial, el error cochambroso, el tiro potente, el chanfle endiablado, el cansancio, los bofes por delante, la patada artera que se ve en el campos de futbol; las caras pintadas, las manos en la cara, los ojos cerrados a la hora del penalti, los bailes, las caderas, las muchachas guapas, la vista del público y la pluralidad de éste; las maneras que tienen las diferentes civilizaciones de observar el fenómeno del futbol; los medios de comunicación, el estatus postpartido y los golpes de pecho del nacionalismo y del chovinismo.

Es fácil decir que apesta, también es fácil subirse en la ola del prejuicio o en el de la ideología izquierdista -es la enajenación propiciada por el capitalismo y el neoliberalismo- o el rechazo intelectual -es para nacos, la cultura es otra cosa- Hay que leer a Villoro, Eduardo Galeano; o la clásica de los sostenedores de la teoría conspiratoria: es una estratagema de los gobernantes y mandamás del mundo para que olvidemos los problemas torales de la humanidad y nos entretengamos en la bolita y los 22 mensos detrás de ella y otro bonche de millones y millones de mensos que lo ven por la TV.

Lo que no se puede negar es que es un FENÓMENO SOCIAL pero además divertidísimo ¡hombre! hay que celebrar que el mundo se reúne para algo donde no hay ni armas nucleares, ni rechazo al Protocolo de Kioto, ni para decretar un cese al fuego. La ocasión lo merece. ¡Salud!

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Gracias, Artmeza, palabras más acertadas no pudieron ser dichas. ¡Ya va a empezar el Mundial! Y éste es mi pronóstico.


Del tamarindo y sus conflictos vocacionales


No me gustaría ser un tamarindo. Debe ser horrible tener tantos posibles destinos. Cualquier tamarindo en su sano juicio debe sentirse amedrentado al saber que se acerca la hora de elegir cómo será saboreado. ¿Enchiloso? ¿Dulce? ¿Como parte de alguna exótica receta?

Tal vez un tamarindo amante de la globalización muera de ganas por terminar aplastado y empacado, como un “Pulparindo” (¡qué ricos son!, por cierto); o, dependiendo de la época, en una de ésas termine dándole el toque acidito al ponche de las fiestas decembrinas. O, con menos suerte tal vez, su destino sea figurar en un remedio para el estreñimiento; noble labor tal vez, pero menos elegante.


Lo que seguro resulta muy frustrante para el tamarindo es terminar en un agua con apariencia, sabor y consistencia de agua de ciruela… debe ser humillante. Por eso no me gustaría ser un tamarindo… es mucho más sencillo elegir mis opciones, que no son ni tantas.


Me presento…


Tuve el gustazo de conocer a este hombre genial que es Oyalep. Y mayor gusto de compartir gustos como el de escribir. No creí que encontraría alguien que pudiera abrirme las puertas a contribuir como él, pero heme aquí, por lo cual estoy eternamente agradecida.

Así que de vez en cuando (para no saturar) he de compartir algo de las maniacadas que suelo redactar. De nuevo gracias, Oyalep… sigo en deuda.

Y ahí va…

EL BESO DE LA PRINCESA

Cuando menos imaginas, el milagro que has esperado toda tu vida se puede cumplir y cambiar en un giro mortal y repentino el resto de tus días, tal como me pasó a mí.

Yo jamás lo hubiera imaginado pero… la princesa me besó.

¡Fue tan dulce, tan bello, tan tierno! Tomó mi faz entre sus gráciles manos y vi cerrar los dos luceros que lleva por ojos. Sus labios rosados comprimieron sus delicados pliegues para acercarse a mi piel y dedicarme los segundos más preciados de mi vida.

Por primera vez me sentí febrilmente extasiado y conmovido. Mi valor y mi frialdad se vencieron ante tal demostración de la bondad del ser humano y cayeron postrados a sus plantas, entregando mi devoción a su existencia por los días que me quedaran de vida.

Sentí como mi cuerpo se estremecía al contacto de ese beso cálido. Mis manos temblaron y en un derroche de pasión se posaron sobre sus manos para sentir la tersura de esa perfumada piel de durazno. Jamás en mis sueños más aventurados me imaginé que podría vivir una realidad como esa, ni conocer el paraíso que habría de disfrutar al roce de sus besos.

Ella llevó una de sus manos hacia el rostro, acarició esos carnosos labios y mirándome fijamente con esos ojos que no he de olvidar nunca, soltó mi faz, se dio la vuelta y se fue.

…Yo no era el sapo que se convertiría en príncipe.


El origen del cursor


Ahora todo me queda claro


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