El mejor agujero abdominal de la red

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16 de noviembre de 2009


inicio de ruta y nada de gente

Hoy fue puente, el más largo y el último del año. Realmente no sé por qué se recorrieron los días ya que, como lo platicó mi amiga Ere, en el blog de La Calabaza,  yo tampoco lo entiendo.

Bien, pues no hubo clases. Los chamacos estaban contentos. Levantándose tarde un día más. Sabiendo que saldrían a jugar todo el día. Los papás estaban curándose la cruda que cargaban, algunos desde el viernes. Otros menos afortunados, desde el sábado. Pero todos disfrutaban de un día extra de merecido descanso.

Todos excepto mi marido, mi hijo y yo. Tuvimos que trabajar. Para nosotros no hubo día libre, ni descanso, pero estuvo divino el día. No había nadie en las calles. Parecía planeta zombie.

peor que Zombieland

Muy temprano en la mañana recogimos el pan de la panadería y lo subimos al carro. Empezamos la ruta de reparto mientras platicábamos y escuchábamos música en el radio. El clima fresco nos invitaba a disfrutar de todo, como si fuera un paseo.

Llevamos a nuestro hijo a su compromiso y nos quedamos los dos solos. La segunda tienda, la tercer tienda, las calles solas. La misma ruta que hacía mucho que no recorría y todos esos detalles que hicieron este un día especial.

Se nos quedó tirada la combi de la repartida pero después de un ratito y mecánica del Birote, la echamos a andar. Dos horas después acabamos la ruta y la ciudad seguía siendo una bolita de polvo soleada, con dulces panes frescos en cada tienda.

Fue un buen puente, unas minivacaciones de tres días que ya huelen a diciembre y a regalos.

rico panesito dulce!

no school today y un brazo del birote

la pescaderia muy bonita, con su mural muy bonito pero ni un alma en la calle

una de las ventajas de ir en la ruta es que no se aburre uno con las vistas

nos detuvimos en una dulceria para comprar bolsas de plástico y las calles... desiertas

un cerro

son las dos de la tarde y nada de nada!

la mitad de la ruta y nada de gente!


La grúa de Las Viudas


Sin planearlo mucho nos juntamos todos los cuñados, cuñadas, sobrinos e hijos. Nos lanzamos el domingo a una playa que acaban de abrir (o sea, el camino fue lo que abrieron), “Las Viudas”. Es un delicioso lugar a unos 15 km de  Cabo San Lucas, por el corredor turístico, justo antes de llegar al Chileno.

La arena gruesa se sacude fácilmente de la piel húmeda, las olas estaban un poco altas, como de unos 5 metros, y en la orilla de la playa se podía disfrutar del agua tibia del océano. No lo pensé dos veces y me metí en uno de los pocitos que forman las rocas de las orillas. El clima, las olas… todo estaba puesto de una manera que ya la hubiera deseado para otras ocasiones de playa.

Estaba disfrutando del agua, mientras estaba recostada a un lado de las rocas y del divino sol que no se pasó de lanza, cuando empezó a llegar el resto de la familia. Éramos como 15, tres carros, dos de los cuales tenían doble.

¿Más o menos saben pa’ dónde voy con esto? ¡Ja! ¡¡No tienen idea!!

La marea empezó a subir y con ello llegó el hambre. Prepararon unos deliciosos pescados empapelados, con mantequilla, verdura, chilito; acompañadas de unas ricas tortillas de harina hechas a mano y unas bien heladas Modelos. Los niños jugaban con sus tablas de surf y para la tarde, todos habiendo hecho digestión, nos dispusimos a disfrutar de lo que quedaba de día jugando en el agua.

La marea subió mas, el mar se debatía con la orilla con furia (wow que frases). Le pedimos a la bola de plebes que se salieran por que las olas alcanzaron los 10 metros de alto y para eso de las 8 de la noche empezamos a recoger las cosas, ya saben: la basura, las sillas, las sombrillas y el familiar, etc., por que se lo empezaba a llevar el agua.

Estando en eso le pidieron a mi cuñado que sacara la Trooper del lugar en el que estaba para empezar a mover los carros. Como ya lo había mencionado dos carros eran doble y uno no lo tenía. Así que ahí viene lo sabroso.

Cuando trata de sacarla empezó a estancarse y decidió meter la doble. Movía un poco el carro y más se atascaba. Lo enderezaba y más se atascaba. Ante el enojo de su mujer ella decidió tomar las riendas de la situación y lo llevo a un terreno un poco mas firme: a la orilla de la playa (¡Esto es sarcasmo, eh!)

El tipo de arena no ayudó mucho, ya que era más bien rocas finísimas y si uno escarbaba, salía mucha agua.

Eran pasadas las 9, cuando en total oscuridad la Trooper de mi concuña quedó inservible en las revueltas olas del mar. Una ola de casi 5 metros la levantó como si fuera papel y la depositó un poco mas adentro del agua.

Todos estaban en espera de un milagro o de la grúa que habían llamado minutos antes para rescatar el carro. La mentada grúa llegó a las diez de la noche con un equipo de 4, entre ellos un niño de 8 años que manejaba la grúa como si hubiera nacido con ella. Todos fortachones preparados para el rescate.

Engancharon la Trooper a la grúa, la cual estaba bien retirada de la orilla para no atascarse también, con un cable de unos 20 metros y empezaron a tirar de ella. Se rompió. Dos, cuatro, seis veces la trataron de jalar y se reventaba la cadena a la que estaba sujeta. Los niños impacientes, con hambre, con sueño y mucha sal pegada al cuerpo pedían atención y nadie podía estar mas preocupado que las mamás.

En eso nos decidimos seis personas a empujar, mientras otras seis estaban jalando. Varias olas hicieron de las suyas al aventarnos contra la parte trasera del carro, pero eso no nos desanimó para terminar la tarea que habíamos comenzado hacía ya casi una hora.

A las once de la noche salimos airosos del evento, que requirió trabajo de equipo, mucho ánimo y muchísima paciencia. Y contrario a lo que todos suponían, NO SE ATASCÓ EL CARRO SIN DOBLE.

Platique con el dueño de la grúa cuando casi nos íbamos. Le pregunté por el pequeño que andaba manejando la grúa, a lo que orgulloso me dijo “es mi nieto, parece que nació debajo de una grúa porque a todo le sabe el chamaco”. Me dio risa y se me hizo adorable el trabajo de este pequeño, tan entusiasta.

Estaban también por ahí los típicos chismosos que se divertían mientras engullían una cerveza y tomaban fotos. No dudábamos que estuviera un fotógrafo de “La Voz”.

En fin, lo que prometía un maravilloso relato de domingo, terminó siendo una historia de grúas. Le pedí a mi cuñadita de 13 años que tomara todas las fotos que pudiera, claro que no contábamos con esta situación y la secuela fotográfica puede hablar por si misma.

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De San Locos a Sanjo


de ida 1Trabajar tan lejos de donde vivo puede verse como una desventaja. 50 pesos diarios de gasolina, encontrar estacionamiento para mi pequeño Honda (al que apodamos Huevo) y el tramo de carretera de Cabo San Lucas a San José, que son alrededor de 30 km, es algo peligroso.

La mayoría del tiempo hay accidentes graves por exceso de velocidad. Hay salidas peligrosas de los hoteles que se encuentran a lo largo de este corredor turístico. Por eso hay días que no quiero llevarme el carro, dejando mi destino en las manos del chofer del SuburCabos.

Me cobran 25 pesos de la delegación de Cabo San Lucas al centro de San José. Pueden ser 40 minutos muy tediosos ode ida 2 muy entretenidos dependiendo de la perspectiva del pasajero. La ventaja de vivir tan lejos de donde trabajo es el panorama. Es delicioso viajar y ver el mar abierto, los buques cuando arriban a la bahía, el Arco.

Un día en especial, nublado, un señor subió un día con su guitarra y comenzó cantando dos canciones de esas rancheras como para estar pisteando en la calle con la palomilla. La tercer canción fue Malagueña Salerosa, con la cual prendió el ambiente en el camión, ya que hasta un chavo medio Emo, que estaba a mi lado, se puso a tararearla y a golpetearse la rodilla con ritmo. Yo creo que le dio pena por que dejó de hacerlo súbitamente y a mi me dio risita ese lapso de “uy, que estoy haciendo”. 189842881_65556fe243_o

El señor de la guitarra definitivamente no era un “chingón” pero si le salían bien los chisguetes de voz; así que pensé que si se merecía unos pesos por ese tramo entretenido y por haber apenado a mi vecino de asiento.

Me dispuse a sacar unas monedas de la bolsa de mi pantalón y el señor de la guitarra empezó la cantaleta de “hago esto por que no tengo trabajo…”. La verdad siempre que se oye algo así que da un poco de lastima, ¿no? Como que le dan ganitas a uno de no oír este tipo de cosas reales y pues no se puede más que extenderle la mano con algo de lo que uno le “sobra” y desear que:
1. No se lo gaste en drogas.
2. Que no sea un huevonazo y en realidad no tenga trabajo (eso se oyó culero, pero todos lo pensamos.).

de ida 3El señor seguía con su cantaleta y decía “este dinero es para una operación carísima que tiene que hacerse mi padre, por que fue objeto de una golpiza por parte de unos policías. En este momento se debate entre la vida y la muerte, por que quedó ciego de un ojo y está perdiendo el otro, además tiene multiples fracturas en la garganta…”.

¡¡¡¡CHANGOS!!!!

Me dio la misma risita nerviosa porque no entendía si era una broma para sacar feria o si el señor de la guitarra no se sabía expresar dada las condiciones de su educación.
de ida 4No soy doctora ni mucho menos, pero creo que nadie se debatiría entre la vida y la muerte por una operación en la retina… o por la múltiples (¿?) fracturas en la garganta (¡!).

Lo peor del caso es que veía a la gente con cara de “pobre hombre” y soltaban sus moneditas para que su papá se recuperara y pudiera salir de esa agrietada situación.

Chale, no quiero ser ojete… pero me hubiera quedado con “no tengo trabajo, móchense”.

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¡Y mucho ojo, eh!


Alrededor de mis 5-6 años, repetían en el Canal Dos varios spots acerca de cuidar nuestra integridad como niños. ¿Quién no recuerda el “y mucho ojo, ¿eh? Así se hace, recuerda, tú vales mucho y mereces respeto…”. ¡Qué cosas!

Yo me acuerdo que una ocasión mis papás no estaban en la casa. Tendría 10 años. Sonó el teléfono como a las 8 de la noche y yo era la que estaba mas cerca para contestar:

-¿Bueno?
-Hola nena. ¿Está tu papi o tu mami?
-No, no están. Si quiere hable más al rato cuando lleguen.
-No mira, quiero hacerte una pregunta.
-Pero es que mi mamá no está.
-No importa, prefiero que tú me contestes. Mira pon atención. Yo soy un doctor y estoy previniendo a las niñas bonitas como tú de una enfermedad….

Créanme, el monologo continuó unos minutos más pero parecieron días completos en ese momento. Lo que sigue, por prudencia y por no generarles morbo, fue (hasta la fecha) algo que me marcó. No fue una violación, claro está, pero me sentí humillada y confundida. Me habló de cosas que yo no tenía idea para esa edad y sin saber por qué, no pude colgarle en ese instante. Tuvo que llegar mi mamá para que pudiera decirle “¡Hey! Ya llegó mi mamá, te la voy a pasar”. Obviamente el sujeto ya había colgado.

No pude decirle a mi mamá nada de lo ocurrido, por que como lo he planteado anteriormente, mi mamá no era muy ducha en eso del sexo, MENOS con sus hijas. En fin, el punto es que como niño, no es verdad que reacciones de la manera mas adecuada.

Si en un niño es así, en un adulto no dista de ser igual de bochornoso, triste e impotente que se enfrente a situaciones tan incómodas en las cuales no sepa uno como reaccionar.

Hace unos meses (por enero) fui a La Paz por motivos de trabajo.  Me habían pedido un análisis médicos rutinarios y tenía que entregar una bola de papeles en oficinas de allá (Yo vivo en San Lucas). Así que fui al consultorio médico del Doctor Simi, que está enfrente de la tienda del ISSSTE. Eran las 7 de la tarde (noche) y pregunté por el doctor, un joven muchacho me hizo señal de que estaba al fondo en su consultorio y me invitó a pasar. Caminé por el pasillo y al final estaba un hombre, bien chaparro, blanco de cabello castaño claro, con una bata que le quedaba grande, su estetoscopio mal colocado alrededor de su cuello y sin un ojo. (Sí, puede resultar algo impresionante, pero no dejo que ese sentimiento se me salga de las manos para no hacer sentir mal a nadie).

Me sonrió y me convidó a sentarme. Después del saludo y de la corta referencia climática, me preguntó cuál era el motivo de mi visita. Le platiqué que el puesto federal que deseaba solicitaban análisis rutinarios y pues ese era mi motivo. Me hizo varias preguntas, al principio normales y después cosas muy sin chiste, como acerca de mis tatuajes: ¿Qué si cuanto tiempo tenía con ellos? ¿Qué si no había notado alguna reacción en mi piel? ¿Qué si los colores no me hacían sentir mareada? ( ¿¿¿WTF???).

Entre más avanzaba la consulta, más estúpido se ponía todo el clima. Guardé silencio y puse mi característica cara de “hijo, la estás cagando”. Empecé a sentirme incómoda y se lo dije – ¿Cual es el punto de preguntar acerca de mis tatuajes, si vengo a una revisión superficial? -bueno- contestó él -quiero saber solamente, me han reportado cientos de casos en los que los tatuajes causan una serie de enfermedades que no te quiero ni contar.

Como es de esperarse, me ataqué de la risa, estaba de lo mas incómoda. Me pidió que me sentara en el chingado sillón-cama que tienen para tomar la presión. Yo traía una camisa blanca con rayitas rosas, al cuerpo y las mangas me quedan justas. Quiso alzar la manga pero como estaba tan justa solo llegaba al codo. Le dije que se podía tomar la presión así por encima, porque ya lo han hecho antes y me insistió que no podía.

Ahí se me prendió el foco y esperé a ver cuál era su reacción. Si lo que están imaginando es que me pidió que me quitara la camisa, están en lo correcto. El bastardo me dijo que si quería el examen médico, tendría que quitarme la camisa. Tomé aire. Me quedé sentada en donde estaba y le dije -estás pero si bien mal, si crees que me voy a desnudar sólo para que me tomes la presión.

Ok, ok. Te doy el examen así, te lo firmo y no hay ningún problema. Dijo. Para entonces yo ya era una hervidera de encabronamiento. “Estas bien pendejo, pinche animal. ¡¡¡¡¡¿Qué clase de doctor te crees que eres hijo de tu puta madre?!!!!!”  Y gritando, para que la gente de afuera oyera lo que tenía que decir del enfermo, que se hacía pasar por doctor.

Tomé mi chamarra mientras me llamaba: “espera, espera”. Salí al recibidor, gritándole a los de la farmacia: “¡¡¡¿Qué clase de enfermo tienen por doctor?!!! ¡¡¡Lo voy a reportar!!!

Estaba fuera de mi, toda temblorosa, nerviosa, alterada y contrariada. Pensé rápidamente ¿Qué es lo que tengo que hacer? Reportar a este enfermo para que no siga haciendo sus cochinadas. ¿Cuantas niñas, niños, adolecentes, mujeres solas, toca este pervertido? ¿Cuánta gente se deja? Por miedo, por ignorancia, por la incapacidad de discernir que nadie tiene el derecho de tocarlo o de soportar que le digan palabras que a uno le hieren.

Vi el número de teléfono en letras amarillas para quejas y sugerencias. Lo guardé rápidamente en mi teléfono y salí de ahí. Me subí a mi carro y fui a otra Similares que está por la catedral, enfrente del Jardín Velasco.

Un doctor muy formal me preguntó por qué estaba tan alterada y le platiqué el incidente. Me dijo que podía hablar a ese número que había apuntado en mi cel. Que diera el número del consultorio y la zona. Él me proporcionó amablemente los datos. Después de hacerme un análisis clínico NORMAL, me dio una hoja firmada por él, donde constataba, felizmente, que estaba completamente sana.

Salí a toda marcha para entregar mis papeles. En el camino hablé por teléfono (es un cero-uno-800), di los datos y reporté al asqueroso y propasado doctor chimuelo de un ojo.

Hasta le fecha no he vuelto a La Paz. No he tenido necesidad, ni dinero. No sé si sacaron a este doctor del consultorio pero según tengo entendido no está ahí. Sólo me resta decirles: mucho ojo, cuéntaselo a sus superiores y haz que  corran al cochinón.

No olviden visitar el Blog de Mar Fatale, Soborna. Un ceviche ideológico visual.


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