El mejor agujero abdominal de la red

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Made in China



3 espadas


Espectacular e imponente son dos de los tantos adjetivos que se le pueden dar al monumento noruego de “Sverd i fjell”, que significa Espadas en Montaña. Creadas por el escultor Fritz Røed, éstas 3 espadas se erigen en una pequeña colina en memoria de la Batalla de Hafrsfjord, cuando se logró unificar Noruega e inició una edad dorada y de paz en la conflictiva zona del naciente reino escandinavo.

La espada más grande representa al rey vencedor, el rey vikingo Harald, y simboliza la paz, ya que al estar clavadas en la roca no volverán a ser utilizadas. Las dos espadas más pequeñas representan a los reyes derrotados y los reinos antes en constante guerra, ahora unificados.

Un monumento que he de visitar algún día de mi vida. ¿Qué lugar es obligatorio de visitar para ustedes? ¿Por qué?


Anti-hábil


Hay dos cosas que en la vida voy a lograr. Bueno, hay muchas más, pero enfoquémonos en éstas dos.

La primera es armar un mugroso cubo de Rubik. La segunda es tocar Mr. Crowley, de Sir Ozzy Osbourne,  en Guitar Hero en nivel experto.

Éste huey se pasa de hábil.


A una semana del Vicente Nario


A tan sólo una semana del gran festejo del Bicentenario no hay mucho bueno por decir. Sí mucho que analizar, criticar, pero a su vez buscar y proponer soluciones, no sólo quejarnos como siempre lo hacemos. Convirtiéndonos en la choteada frase de “parte del problema”.

Perdemos guerras, territorio, dignidad, partidos importantes de fútbol, dinero, derechos, libertades, pero eso sí, nunca perdemos el sentido del humor. Si nos reímos de la muerte, la desgracia nacional es pan comido. ¡Buen miércoles, gente!


Cómo se hace el tocino


De hace días traigo antojo de tocino… y pizza. Mmmmm, pizza con tocino. Casualmente me acabo de encontrar ésta imagen. No sabía cómo hacía el tocino. Interesante, ¿no?


Monopoly versión Social Media


Éstas primeras dos semanas de septiembre planeaba dedicárselas al Bicentenario y al Centenario, a los festejos, a la situación actual del país y demás pensamientos al respecto, pero la verdad es demasiado deprimente y decepcionante. Empiezo a escribir algo ‘motivante’ e inevitablemente caigo en los problemas del país y la gente que los padecemos (y permitimos).

Dicho esto, y para no desentonar con lo que se publicó el domingo, va el Monopoly versión Social Media.

Por sí sólo Monopoly ya es geek, ahora de ésta forma, pos ‘pior’.


Qué lata de lunes


Inicia una semana más, y la iniciamos con enjundia, regresando al blog que ha estado muy abandonado entre malas excusas, cansancio y compromisos laborales. Pero siempre es chido tener ciclos y oportunidades para empezar de nuevo. Algunos se esperan a año nuevo con sus propósitos, otros su propio cumpleaños es la excusa perfecta para cambiar hábitos o iniciar proyectos. Para otros un mes nuevo, en éste caso, agarré de excusa ésta nueva semana.

Hay mucho por contar, pero a veces la ‘inspirancia’ nomás no llega. Las energías no alcanzan. O simplemente el Padre Tiempo no da tregua. De cualquier manera regresamos al blog publicando las mismas sandeces y ociosidades de siempre. Digo, para no perder la costumbre.

Ayer me encontré con un artículo sobre ‘arte’ con latas. La paciencia y la imaginación se presentan en éste tipo de expresiones, principalmente en centros comerciales de Estados Unidos durante las festividades de fin de año. Habrá que invitar a hacer un concurso a Chedraui, Soriana, Ley y Aramburo. Estaría chido, ¿no?


Facebook y sus amigos redes sociales



Si fuéramos mejores lectores


… por lo pronto, leeríamos juntos, sentados espalda con espalda, sin hablar, sin interrumpirnos, acompasadas las respiraciones, acompasado el ritmo de la lectura… pasarían las horas.

Yo, prepararía mi clase para el día siguiente y un poco de café. Tú, te adentrarías en los mundos fantásticos en que te gusta perderte y luego, con los ojos agotados, buscarías en mi cuerpo alivio y el consuelo para sanar las viejas heridas que te ha abierto el texto. Nos besaríamos con la ternura de dos preadolescentes, con la tranquilidad de dos amantes viejos, cuya única ambición es tener con quien leer… sin interrupción, sin ruido, sin palabras.

Si el verdadero amor existe, debe ser muy parecido a esto…


Facebook, la película


Hace días se lanzó el trailer con los avances de la película de Facebook llamada The Social Network (La Red Social). Apenas me tomé la molestia de verlo. He decidido ponerlo en el blog, no por su calidad cinematográfica o porque vaya a romper record en los Oscar, si no por la influencia que Facebook ha causado a nivel mundial en el comportamiento de las personas, y la manera en que ahora interactúan.

Adicción, herramienta de marketing, medio de comunicación y distribución de información, del lado que lo quieran ver, Facebook llegó para quedarse, y es sólo el inicio de la revolución informática, “social”, de la manera en la que interactuamos y compartimos con los demás. Seguramente llegará algo que lleve a Facebook a otro nivel de interacción o el mismo Facebook evolucionará. No lo sé con certeza, pero es algo que poco a poco se irá arraigando, al grado que lo hizo el radio, la televisión, los celulares o las computadoras en su momento.

La película no es más que una dramatización y exageración del origen, creación y desarrollo de Facebook. La película está basada en el libro The Accidental Billionaires: The Founding of Facebook, A Tale of Sex, Money, Genius and Betrayal (Multimillonarios Accidentales: La Fundación de Facebook, Una Historia de Sexo, Dinero, Genio y Traición), escrito por Bob Mezrich, y se estrenará el próximo mes de octubre.

Habrá que ver con qué salen los gringos de Hollywood ésta vez.


se acabó el Mundial… ¿y?


Creí que la euforia por el triunfo de España en el Mundial de Sudáfrica iba a ser mayor. Afortunadamente, como de costumbre, me equivoqué. No sólo duró poco, no hubo euforia. Ganaron, sonó ese día, el siguiente, un poco menos el tercero, y se acabó. Tengo que admitir que me sorprendió, dada la increíble cantidad de gachupines adoptados que surgieron a partir de la ronda de cuartos de final. Así como surgieron, desaparecieron.

Poco duró el ayuno pambolero. Apenas hace 4 días terminó el Mundial de Sudáfrica, y ya tenemos dos días de partidos gracias al Superliga, partidos de pretemporada, partidos clasificatorios a la Europe League y Champions League. Chingón por los que nos gusta el fútbol. Y por los que creyeron que acabándose el Mundial se acabaría el fútbol, sólo diré, ilusos.

Hay fútbol todo el año. Así durante 4 años, en lo que llega otro Mundial. Háganse a la idea de eso, y dejen de sufrir. La aceptación es la mejor actitud que pueden tomar. Y dejen de quejarse por algo tan hermoso como éste universal deporte. Como dijo el sabio del fútbol, Bianchi, “El fútbol es lo más importante de lo menos importante.”

Ahora los dejo, hay fútbol.


No pongas nada en los bolsillos



Cítricos para cenar


Las naranjas son jugosas… las toronjas son jugosas… las mandarinas… ¿no has llevado frutas a la cama? Aquí, donde el calor de infierno no nos deja dormir, no se antoja otra cosa para cenar que unas naranjas partidas –tal vez, con sal y chile -; el secreto consiste en haber metido las naranjas un buen rato al congelador, para que estén frías, frías, frías…

Medio sentados, medio acostados en la cama, con el ventilador en su máxima potencia, recién bañados, el cabello escurriendo y pequeñas gotitas de agua que no han sido tocadas por la toalla (si te secas el agua, aparecerá inmediatamente el sudor), cenaremos en la cama, cerca pero separados, dejando que el ventilador nos seque. Tú me verás agarrar un cuarto de naranja, acercarlo a mis labios y apretar, para hacer salir el jugo que inundará mi boca. Y pondrás atención a ese movimiento, porque te encanta ver mis labios presionar la naranja para sacarle el jugo. Pero mi boca es pequeña, y la naranja está tan fría, y tan sorprendentemente jugosa, que no puedo evitar que se derrame el dulce líquido sobre mi pecho. Jugo helado, pezón sensible: reacción previsible, pero inevitable. Tu lengua, comedida, se apresura a limpiarme… y la dejo hacer.

Tres baños más: jugo de naranja, saliva, nuevamente agua… y entonces sí, a dormir. Pese al calor…


Diario de una infección


No están ustedes para saberlo, ni yo para contarlo, pero es que hace mucho que no escribo, y ya me reclamaron mis dos fans, mi mamá y mi alter ego. Y la verdad es que no he andado nada inspirado. Entre que no tengo tiempo, ganas, o salud. ¡Saluuuuuuuuud! Y pues como que la musa está muy ausente.

Fue por lo que me dije a mi mismo, “Mi mismo, pues escribo cualquier tontería. Siempre lo haces.” Así que heme aquí, escribiendo, sin escribir nada. Mucho bla, bla, bla, pero poca estructura y contenido. C’est la vie, qué se le va  a hacer.

Ya muchos saben que he estado enfermito. Agarré una maldita infección estomacal del estómago en la panza. La verdad no puedo culpar ni al pollo de mi madre, ni a la hamburguesa, ni a la pizza, ni a los tacos mixtos. No, la culpa es definitivamente mía por tragar todo eso en una sola tarde-noche.

¿Qué demonios estaba pensando? Nada. Mi estómago de perro se jubiló, y ya estoy, como dice mi doctor, en la edad de “Eso-No-Me-Había-Pasado”. Sé que los tantos treintañeros que pierden su tiempo leyéndome dirán, pero apenas tienes treinta. Y algún otro agregará, “los treinta son los nuevos veintes”. ¡Ni madres!

Ya hay que cuidarse que porque cae pesado esto o aquello. Ya no se pueden tragar los veinte mil tacos o los chorrocientos “jates”. De hecho, ya no se pueden tragar eso sin que al día siguiente se estén quejando de agruras o torzones, de buenas sólo flatulencias.

Llevo 4 días sufriendo por tragar como universitario al recibir su beca. No puedo decir que no lo volveré a hacer. No es cierto. En cuanto me sienta al 100 volveré a empezar a tragar chatarra. Eso sí, poco a poco. Pero lo que sí puedo asegurar es que voy a tener que cambiar varios hábitos “tragacionales”.

En fin, ya me desahogué. Pero lo más importante, ya rompí con la mala racha que tenía de tanto tiempo sin escribir. No importa que sean puras babosadas, lo que cuenta es regresar a la rutina. Algo decente surgirá. En lo que son peras o son manzanas, yo me como una. El doctor y mi “amá” me dijeron.


¿Dónde estás?


Pues sí, me quedo con Geek, ¿Y qué?

Pues sí, me quedo con Geek, ¿Y qué?


Ese día desperté y estaba muerta.


No sé cuantos días habían pasado desde aquella noche en que estaba viva y me destiné a dormir eternamente, pero pasó tanto tiempo sin que nadie se diera cuenta de que había fallecido y se dignara a buscarme, que me cansé de esperar y decidí que sería mejor buscarme nuevos y mejores amigos.

Al principio fue difícil porque una persona muerta no tiene tan buena apariencia como una viva, los ojos se secan y la piel se torna quebradiza y áspera. Obviamente la gente no te ve con tanta tranquilidad y suele asustarse si llega a ver como se desprende un mechón de cabello de tu cabeza cuando tratas de acicalarte.  Aprendí que el arte de hacer amigos radica en tener paciencia y tratar de comprender lo que los demás sienten, en aceptar si deciden quererte o no y que si te han aceptado con todos tus defectos, había que mostrar gratitud, aceptándoles de la misma manera.

La vida después de la muerte hace que tu manera de pensar cambie súbitamente,  nosotros los muertos ya no tenemos nada de qué preocuparnos, por que en realidad no tenemos ninguna necesidad básica que satisfacer y el miedo a la muerte se transforma en valor y motivación por la vida para compartir con los vivos. Es una desgracia que para aprender a vivir haya que morirse y que, ya muerto haya tantas cosas que te veas impedido a hacer en comparación a los vivos, pero la manera tan entregada y alegre con que se vive la nostalgia de lo no vivido, compensa en cierto modo esta vida muerta.

En fin que estos pocos días preferí preparar mi partida final, me despedí de mis nuevos amigos, bailé, canté y me emborraché como nunca lo habría hecho y me olvidé de una sociedad que nos encasilla en un comportamiento que posteriormente nos genera nostalgia por lo que no hicimos, viví todo aquello que cuando vivo soñé vivir y por ultimo compré mi espacio en el campo santo y encargué el ataúd y la lápida a mi gusto. Así que hoy que es el último día que decido existir como ser material, me despido con la seguridad de que todo lo que viví fue bien vivido y con la tranquilidad de que quien se queda, festejará conmigo mí transito a la muerte, como se festeja la llegada a la vida.

Descansen en paz….


El resultado del ocio…


Esta clase de cosas resultan cuando no tienes idea de que escribir… terminas escribiendo cualquier tarugada.

SUCEDIÓ POR LA MAÑANA

Como cada amanecer, despertamos los tres en el mismo lugar, con la misma hambre de todos los días, sin poder salir de estas cuatro paredes que enclaustran nuestras ya olvidadas intenciones de experimentar algo distinto, hurgando entre las piedras bajo nosotros, tal vez por instinto de encontrar algo que tragar y subsistir o tal vez absortos en la rutina, con la mente en blanco, actuando por mecanismos que nos mueven sin sentido alguno, intentando distraernos de la realidad y hasta tal vez buscando algo que ya olvidamos que existía.

En ocasiones nos empujamos los unos a los otros en una lucha de poder y posesión de este lugar al que ya no tenemos conciencia de haber llegado alguna vez, en el cual recordamos estar desde hace tanto y que día tras día parece resignarnos a llamarlo hogar.

Y como cada mañana, vemos llegar esa figura y al igual que siempre nos atesta el pánico y el instinto nos da razones para alborotados, tratar de huir en un espacio en el que sólo logramos chocar los unos con los otros, escapando hacia ningún destino mientras ella se aproxima con su paso tranquilo y ceremonioso.

La criatura es grande, de un volumen mucho mayor que el nuestro, siempre cambiante. Se acerca con su voz sonora y nos menciona cosas que no entiendo, toma entre sus manos un frasco rojo, lo abre y toma una pisca de algo parecido a hojuelas de colores, se inclina sobre nosotros encorvando su larga espalda y  deja caer aquello que a causa del hambre no nos interesa reconocer, sólo tragamos.

La criatura nos observa, nos analiza y como cada mañana, después de saciar nuestra hambre, da unos cuantos golpes a las paredes, cierra el frasco rojo que siempre trae consigo y se va, para volver hasta el siguiente día donde esperaremos ansiosos y temerosos su regreso dentro de esta pecera.


De plantones y extremidades


Era de noche, pero no muy tarde aún. Yo salía de mis clases de taquigrafía en el Seguro Viejo, y él había quedado de ir por mí. Como suele ocurrir a esa edad, los pasos de la puerta del salón al malecón fueron acompañados del típico cosquilleo en las entrañas, y con la incertidumbre de si me vería lo suficientemente bonita como quería que él me viera.

Pero afuera me esperaba sólo el Malecón. Inicié la marcha, esta vez tratando de controlar el cúmulo de sensaciones  desagradables recién estrenadas y aún difíciles de clasificar: decepción, frustración, enojo (no, mucha rabia), tristeza… la terrible impresión de no valer lo suficiente como para que él quisiera estar conmigo. Y continué la marcha. Las palmeras que adornan el club de marinos donde ahora además de impartir clases de danzas polinesias y de salsa venden raspados, estaban recién plantadas y me llegaban, cuando mucho, a la cintura. Creo que en esa época aún tenía una poca.

Mientras caminaba, un cúmulo de pensamientos pasó por mi mente: mis errores y los de él, los sustos compartidos, las broncas familiares, mis miedos y los suyos; pensé también que todo había sido un juego y que yo había sido una tonta por suponer que él podría sentir algo serio por mí. Ésas y algunas cosas más de las terriblemente dolorosas que se le ocurren a una a los quince (y se le siguen ocurriendo a los cuarenta, por desgracia). Y seguí caminando.

No recuerdo en qué mes sucedió, pero sí que hacía frío; porque recuerdo que no me extrañó ver sus manos escondidas en las mangas de una sudadera, cuando, a lo lejos, vi que se dirigía hacia mí. Supuse que tenía frío. Caminaba apurado, con el pelito lacio aquél moviéndose al ritmo de sus pasos, y sus grandes ojos de lacias pestañas, buscando los míos en la cuasi penumbra en la que ya había quedado la calle Morelos, donde tenía que dar vuelta, y por la que él bajaba hacia el Mar.

Nos encontramos como a una cuadra del Sindicato del IMSS, frente a la escuela Carranza. No recuerdo lo que se dijo, si es que se dijo algo (¡¿cómo podría, después de más de 20 años?!), y de lo que pasó después perdí memoria, no sé qué tan voluntariamente; pero lo que no olvido, y pretendo no olvidar jamás, fue de cómo al toparnos de frente, de una de las mangas de esa sudadera brotó una bellísima rosa roja que habló por él, logrando con eso que, cursi como era (¿era? ¡qué optimista!), en ese momento no quisiera estar con nadie más ni en nigún otro sitio…

Años después, leí “Letanía de la orquídea”, de Carlos Fuentes.  Y al conocer a Muriel, su protagonista, al que le brotó una orquídea de la rabadilla, no pude evitar acordarme de aquél muchacho al que alguna vez quise y de cuya mano brotó en una ocasión una rosa para mí.

Ahora, en la periferia de los cuarenta, y ambos con hijos universitarios, nos  hemos vuelto a encontrar, y la pregunta que asalta: ¿qué hubiera pasado si…?


Banco


La triste realidad de la Banca en el mundo.


Mi Barrio


Digo, algo bueno había de tener… hacía muuuuucho que no andaba por las calles aledañas a la casa de ustedes (qué fórmula de cortesía tan peligrosa: ¿cómo hacerle si alguien te toma la palabra y se te apersona ahí para vivir contigo? A mí me pasó eso con mi licenciado ¡y soy tan feliz desde entonces!).

Pero bueno, al tema. El punto es que la poderosa RAVA (juar, juar, RAV4) dejó de serlo, y está en el taller, con un connato de desvielamiento (¿así se dirá?), y pues yo… a patín. Y me he dado cuenta de cómo me pierdo de ver cosas interesantes, por ir manejando, o comiendo moscas en el asiento del copiloto… y eso sin considerar los kilos y kilos de más en mis sentaderas, que requieren movimiento.

Acá dejo un par de fotos de casas viejitas, que yo encuentro muy monas, para compartir con la banda… si se fijan bien, a nuestro alrededor hay muchas más cosas bonitas, interesantes o terribles qué mirar.


A alguién tenemos que culpar



La Comunidad de la Vuvuzela



Invitación


Del 23 al 26 de junio en la ciudad de La Paz, llevaremos a cabo el 1er Encuentro de Contracultura convocado por artistas y promotores culturales independientes en diversos foros, contando con el apoyo del Instituto Sudcaliforniano de Cultura, Secretaría de Turismo, Universidad Autónoma de Baja California Sur, Instituto Sudcaliforniano de la Juventud, Dirección de Cultura Municipal y el Instituto Municipal de la Juvetud. Les hacemos llegar el programa de actividades esperando contar con su valiosa presencia.

Atentamente
Comité Organizador.
http://www.contraculturalapaz.blogspot.com


Cultivando el ocio


No sé… debe ser el día de la semana, los cambios de clima, los cambios hormonales, la edad… vaya usté a saber. El hecho es que, de repente, estoy oyendo “Nada es real” de Radaid, y doy con esta página: http://yugop.com/

Después de un rato, entre la música y las imágenes, llego a la conclusión de que para hipnotizarme no necesito a Taurus do Brasil (¡Ya ni quien se acuerde de él, ¿verdad?!), ni para ver cosas raras ocupo meterme nada… Sigo sin entender…

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