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No hay otra manera más placentera para irme a dormir que la de ver una película de terror. Me acomodo en mi King Size, pongo dos o tres cobijas encima y alrededor mío, volteo a ver a mi marido que esté dormido y pongo el dvd (en este caso el xbox 360).

Me encantan las sorpresas, los malos ratos que la gente incauta tiene que atravesar. Me gusta el olor a matanza del otro lado del vidrio y esas imágenes de gente sin mandíbula, de uñas carcomidas llenas de carne y lodo, de cabellos que salen por los ojos y estudiantes que brincan a las vías del tren. O de esos que se convierten en caracoles y suben paredes de escuelas.

Nada más maravilloso que una rubia japonesa perseguida por un espíritu que voltea los ojos o una geisha con una mano en la cabeza que pincha a una mujer colgada de una pierna y se orina encima. Con que humildad brotan esas gotas de sangre tibia fluyendo para satisfacer mi instinto de miedo… o no es miedo, más bien es morbo.

Me gusta ver, oir y sentir, como se me eriza la piel de los brazos y llega un punto en el que no quiero seguir viendo y sigo viendo, quiero ver mas, ojos colgando, caras siniestras, dedos mutilados, dolor ajeno. Una vez me dijeron que mi problema es que tengo conciencia laxa, que me vale madre el dolor ajeno. Tal vez sea cierto, pero para mi es la mejor forma de dormir.

No olviden visitar el Blog de Mar Fatale, Soborna. Un ceviche ideológico visual.